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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007.

SOMBRAS DE OTOÑO de JORGE LARENA

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El pasado día 12 en la Biblioteca de Can Fabra (Barcelona) tuvo lugar la presentación de este libro que hace unos años fue uno de los finalistas en los Premios Planeta, aunque esta editorial, después de marear mucho la perdiz, no publicó. Jorge estuvo locuaz, sensible e incluso insistente. No en vano quiso hacer entender a los que allí estábamos que sin el boca-oreja su libro como otros tantos de escritores noveles no se venderá. Pero creo que Jorge se equivocaba porque su insistencia y afán suplen de sobra su falta de márketing. Recomiendo desde esta página la obra de Jorge que, además de amigo, es un gran autor. 

15/06/2007 12:20. luisveagarcia #. Convocatorias No hay comentarios. Comentar.

DIARIO

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¿Hemos pensado alguna vez a cuántas personas importan nuestras vidas? Probablemente a algunos familiares les importan, a menos amigos de los esperados y a algún vecino o conocido. Poco más. Nuestra vida, sumergida en la dimensión del marasmo del total de vidas, es sólo una insignificante tontería. Y aún así única. Una única tontería. De ahí nuestro fracaso personal. Lo razonable es que de nosotros quede el silencio. Quizá es un triste final, mas quien vivió anónimamente, anónimamente muere. Pero es peor aquél que pensó que su vida era universal y murió en lo más absoluta soledad. Eso sí es un fracaso.

Vuelvo a los diarios de Trapiello. En 1998 fue a dar una conferencia en el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria. Aprovecha el viaje también para acercarse a la isla de Tenerife. De su estancia allí no aparecen muy bien paradas las islas. De Vegueta dice que es triste, de la Laguna que hay cuatro casas que valgan la pena y que lo demás es Marbella. De Santa Cruz que es una ciudad fea. En la Orotava hay basura y las Canarias en general son un parque temático. Él mismo dice intentar liberarse de prejuicios para viajar. Cosa que hace finalizado el viaje, ya en la Orotava. Y como guinda dice que el único modo de ir a las Canarias es desterrado, como Unamuno. Aparte de estar muy mal criticar a quien te da de comer -cobró la conferencia de Las Palmas- me parece bastante prepotente criticar después de ver cuatro cosas. Sin conocer toda esa cantidad de pequeños pueblos con encanto que tienen las Canarias. En Gran Canaria: Agüimes, Gáldar, Telde, Arucas, Teror, etc... y en Tenerife: Icod de los Vinos, Puerto de la Cruz, Candelaria, Garachico, sin dejar de mencionar La Laguna y la Orotava. Y eso sin hablar de los parajes naturales de ambas islas: Tamadaba, el Andén Verde, las dunas de Maspalomas o el barranco de Guayadeque en Gran Canaria. Y el Teide y las Cañadas, Anaga o Teno en Tenerife. Claro que quien es incapaz de disfrutar y extasiarse con el silencio de las Cañadas es simplemente incapaz de escribir algo coherente sobre Canarias, que por cierto, ya descubrió con mayor fortuna Unamuno.

19/06/2007 12:43. luisveagarcia #. Diario No hay comentarios. Comentar.


NUEVO ACTO DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE JORGE LARENA

Las próximas presentaciones del libro de Jorge Larena tendrán lugar:

26/6/07 Casa de Valencia en Barcelona: c/Córcega 335 principal a las 19.30

27/6/07 Biblioteca de Buen Pastor: c/Estadella 62 a las 19.30

22/06/2007 12:14. luisveagarcia #. Convocatorias Hay 1 comentario.

LA AUSENCIA

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                                Solía pasar los días festivos en soledad. Sentado en una silla giratoria, su cabeza se inclinaba en dirección a la mesa, a unos documentos que me era imposible discernir desde el exterior. No se molestaba en correr la cortina, de forma que sus movimientos eran registrados por los mudos testigos del otro lado del cristal que le observábamos del mismo modo que lo hace un niño clavando la nariz en una pecera. Él parecía abstraído en sus asuntos, ora moviendo un documento determinado, ora buscando alguna información perdida en la pantalla del ordenador... Pasaba horas y horas frente a impresos que en mi imaginación yo creí que debían de estar en blanco y que jamás  poseyeron  texto alguno. Nunca pude verle el rostro al completo, pues su posición me impedía ver el otro perfil. Sin embargo, de la mitad de lo que era su cara puedo decir que mantenía con asiduidad una expresión melancólica. Se ataviaba con un traje gris marengo y camisas de color claro con corbatas invariablemente monocolores en tonos que no siempre congeniaban con el resto de su indumentaria. Sus zapatos se escondían en un rincón bajo la mesa y, sentado como estaba en su sillón giratorio de cuero negro como los de antes, era imposible adivinar cómo eran. Debía de tener estatura media y su semblante, ya ajado por el peso de la experiencia, se veía surcado por algunas rayas que de manera aleatoria le nacían en la frente, ojos y comisuras de los labios. Por aquella época estaría a punto de llegar a su jubilación, rozaría los sesenta y cinco años aproximadamente. Era empleado de seguros y trabajaba para una conocida compañía que tiene todavía sus oficinas en el mismo lugar, en una vía muy transitada de Barcelona, junto a la plaza de Cataluña. Normalmente su presencia en días festivos, solitaria en cuanto a la permanencia de algún que otro empleado además de él, se veía enturbiada por la de la mujer de la limpieza que alternaba el oficio de la mopa con las miradas al trabajador. Jamás supe su nombre, solamente recuerdo su presencia en días festivos. Cuando la calle de Fontanella se veía asaltada por jaurías humanas dispuestas a las compras en los días de Navidad, o algunos domingos cuando todos salíamos a pasear o a buscar el periódico, él invariablemente se encontraba frente a aquel escritorio con un legajo de papeles, leyendo. No puedo hablar de cuán productivo era como trabajador, siquiera sé si su tarea servía para algo o simplemente era un eslabón de una cadena sin sentido, como aquel personaje de Chaplin en la película Tiempos Modernos. Tampoco sé si él se consideraba útil ni si su jefe llegó a recompensarle alguna vez con una semana extra de vacaciones. Tan sólo sé que en los días en que debía estar con su mujer e hijos, consumía la existencia tras un cristal, frente a una mesa de escritorio, en un edificio de oficinas de seguros de una céntrica calle de Barcelona.  

       Un día, sin embargo, dejé de verle al pasar por allí. Supuse que habría enfermado y que estaría en baja laboral y no le di mayor importancia. Pero después de no haberle visto en días sucesivos, empecé a hacer cábalas, a imaginar que quizás se hubiera jubilado y que todo aquel trabajo que realizara hubiera dejado de hacerse y su escritorio permanecía vacío, infestado de peste en un rincón frente a la vidriera que da a la calle. No puedo dejar de mirar el lugar donde habitualmente se encontraba y noto su soledad como si él hubiera sido un personaje mediocre de una película de Arte y Ensayo, un arrepentido de la vida y del lugar que le había tocado vivir en ella. Y, lo cierto es que acabo identificándome con lo que fue la existencia de ese personaje que jamás llegué a conocer. Noto su ausencia, quizá porque adivino que aquella empresa no se portó demasiado bien con él. Es posible que más de uno piense que me precipito, que no tengo pruebas para acusar, pero una cosa es cierta, las horas que ese hombre dedicó de sus días festivos no se pagan de ningún modo. Aunque es posible que su tarea hubiese dejado de ser útil y que hubiesen amortizado el puesto de trabajo o que alguien hubiera tenido la brillante idea de hacer un expediente de regulación de empleo y enviar al mediocre empleado a la calle o, tanto peor, que tan sólo fuera un trabajador de poco más de cincuenta que, después de haber dedicado treinta años de su vida a la empresa, ahora se ve ingratamente en la calle.

           No me resisto a pensar que ése fue su final. Hoy me he colado en las oficinas, ahora que nadie se dedica a seguir trabajando, cuando la mujer de la limpieza se sienta en un despacho contiguo, con los pies encima de la mesa y toma el teléfono para hacer suya la centralita y comunicarse con los parientes que seguro tiene en Hispanoamérica, yo he penetrado en esa empresa de seguros. No sé porqué motivo lo he hecho pero hoy, al pasar por allí, he sentido que algo tiraba de mí hacia su interior y he entrado. Me he dirigido directamente al despacho y me he sentado en la butaca vacía. La mesa permanecía atestada de polvo, los archivadores y bandejas vacías, los cajones entreabiertos eructaban su vacuidad como un estómago sin alimento. He pasado largo rato allí sentado y cuando he pensado que ya mi presencia era más que suficiente me he levantado con ademán de marcharme pero entonces me he apercibido de una pequeña sombra junto a un cuadro. Lo he retirado con cuidado y un hilillo de claridad ha iluminado el despacho. He mirado a través del agujero que había en la pared y que por el otro lado era imperceptible. Pronto me he sentido absorbido y sin saber de qué modo he acabado en una playa paradisíaca y casi desierta si no fuera por que, en medio del agua, había una tumbona y sobre ella un hombre al que vagamente he reconocido. Algunos niños jugaban a su alrededor y me ha consolado saber que, en algún lugar, existe sentido de la ley y que a los justos se les recompensan sus acciones. En el momento de terminar de pensar en ello, algo me ha devuelto al despacho en el preciso instante en que entraba la mujer de la limpieza. Ella se ha asustado:-Perdone, creí que este despacho estaba vacío.Yo simplemente le he respondido:-Sí, es cierto, está vacío. He terminado lo que tenía que hacer aquí. Yo ya me marchaba.       

                                                                          FIN                                           

Luis Vea García, 2002©

28/06/2007 13:47. luisveagarcia #. Relatos Hay 1 comentario.

ABRE SUS PUERTAS UN NUEVO MUSEO EN LA CASA DE LA ADUANA, EN EL PUERTO DE LA CRUZ

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Ayer abrió sus puertas el  Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdahl sito en la Casa de la Aduana del Puerto de la Cruz (Tenerife). El museo fue inagurado en 1953. Para su reapertura se han recuperado una sesentena de obras del crítico de arte Eduardo Westerdahl.



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