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DIARIO

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Hace ya un par de días que nos quedamos sin coche, al menos hasta que nos den el nuevo. Yo, que ni conduzco ni tengo afición, lo estoy echando mucho de menos. Me da la impresión de que lo encontraré aparcado delante de casa tal y como lo dejó Pilar. Pero no es así. Miro y miro y ya no lo encuentro. Y eso me desasosiega. Han sido muchos los viajes y experiencias con este AX blanco modelo Vivace. Y es verdad que su sobrenombre le venía como anillo al dedo. Era fuerte y vivaz. Nunca dio problemas. Bueno, ahora con el propósito de llegar a los cien kilómetros por hora. Es curioso, todavía pensamos más en lo perdido que en lo que llegará. Supongo que toda novedad trae consigo nostalgia de lo perdido. Pilar y yo andamos los dos igual. Buscamos con la mirada al coche y sonreímos si vemos alguno otro igual. Cada vez hay menos. Se nota que hay dinero y los coches ya no duran tanto como antes. Aún así a Pilar y a mí nos ha durado poco más de quince años. Y se han pasado como un soplido. Mirando atrás me doy cuenta de lo que hemos cambiado ambos. Quizás por eso echamos de menos al coche. Es como si una parte de nosotros se hubiese deslindado para ir al chatarrero. Quizás es que nosotros mismos estamos ya entrando en el chatarrero. Qué triste. Esta época que todo lo consume poblada de inadaptados como Pilar y yo que no aceptamos esta modernidad. Para cuando cojamos cariño al nuevo ya la sociedad pedirá que lo cambiemos. Recuerdo el miércoles en el concesionario. A Pilar le costó entregar las llaves. Lo dejamos allí, sobre la acera. Y le dijimos adiós.   Quizá fuera por los servicios prestados. Jamás se estropeó en un viaje. Su consumo fue mínimo. Sólo visitaba al mecánico para las revisiones y no era más que de año en año. Procurábamos tenerlo más o menos limpio a pesar de que dormía en la calle y más de una vez a la mañana siguiente nos llevábamos un disgusto. Supongo que los habrá que lean esto y se carcajeen.Así va el mundo. Si no se respetan las personas ni los valores cómo se van a respetar los objetos. Claro que el AX no era un simple objeto. Era parte de la familia, a pesar de que últimamente no tiraba. Pero lo disculpábamos. A pesar de los ruidos que nos hacían viajar intranquilos. A Badalona fue su último viaje. Le hicimos unas fotos. Nunca le habíamos hecho tantas. Era el deseo de conservar en la retina cualquier detalle que la pérfida mente acaba por olvidar. Sin saber de qué modo, dos días después, me he dado cuenta de que estaba viejo, a pesar de su aspecto, de que su línea era ya antigua, de que le faltaba potencia. Aún así no me hubiera importado tenerlo un tiempo más. El problema, el de siempre. La ciudad se hace pequeña y no hay lugares donde tenerlo. Todo lo que sobra se retira. Ya seremos mayores para comprobarlo. Sólo queda el agrio consuelo del reciclaje. Y, sinceramente, no es mucho. Pero no hay forma de quitarse esta desazón de encima. Cuánto nos dijo con su runrún, incluso con sus silencios tantas veces aparcado delante de casa. Qué poco escuchamos. Sólo al final cuando el runrún se convirtió en ruido y todo acabó acallándose. Te echamos de menos, a pesar de no ser mi coche. Demasiadas vivencias en tan escaso espacio. Cuánta gratitud te debemos por tan poco precio. Hasta siempre.

13/02/2006 09:10. luisveagarcia #. Diario Hay 6 comentarios.


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