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MADERA DE NÁUFRAGO. Blog de Luis Vea.

EN LA LOMA, UN TRANVÍA.

EN LA LOMA, UN TRANVÍA.

En la loma hay un tranvía reluciente junto a la parada que tiene por origen y término. El conductor da la vuelta al cordón umbilical que le une al tendido eléctrico, prolongando los afanes de movimiento de los viajeros, y tras situarse en su puesto, de nuevo, vuelve a comenzar el trayecto.

La calle es empinada, se diría que no finaliza nunca y desde lo alto se divisa una magnífica vista de toda la ciudad.

La línea treinta y uno tiene un recorrido único; con la punta de los dedos sus pasajeros pueden tocar el cielo durante unos instantes. Hace años que ya no lo hago. Su conductor es un viejo barbudo y canoso, afable y servicial, se diría que acabado de salir de una cabaña de leñadores si no fuese por su uniforme azul con botones dorados, sus divisas sobre los hombros y el gorro con una pequeña visera sobre la cual adorna un cordón igualmente dorado.

El final del treinta y uno, agotados los espacios ruidosos de la ciudad, es un tránsito hacia la paz. La palabra tránsito adquiere una significación relevante que no puede dejar de subrayarse en esas cuestas que invaden el recorrido final acaparando los resuellos y ahogos de los ciudadanos que han preferido ahorrarse unas pesetas dando rienda suelta a sus esfuerzos. El treinta y uno es ubicuo; viaja por todas partes multiplicando sus vías como si alguien se detuviese a tenderlas a la vez que el tranvía avanza en su trayecto. Recorre todas las calles, vías y avenidas entre la Plaza de España y el Polígono de las Margaritas, en un peregrinar casi ascético por la parte más amplia de la ciudad. Sus raíles, semienterrados en el asfalto y el empedrado de las calles más vetustas, son largos dedos que se enredan entre los adoquines, extendiendo los traqueteos a modo de quejido anhelante y sonoro.
Y la imagen de su conductor no es menos heroica que la del capitán de un bajel de la armada curtido a batallas. Sin embargo, su rostro desteñido es afable, aunque se agarrota su semblante cada vez que suspira pensando en la jubilación y se pregunta qué será de su compañero de trabajo. La garra del tiempo, demoledora y cruel, ha hecho mella en la madera quebrada del vehículo y en los espacios rasgados de su interior. Y del mismo modo que el barco necesita ser llevado a dique seco para ser calafateado, el viejo treinta y uno se lamenta en silencio suspirando por una nueva capa de pintura que le retorne el esplendor perdido de su límpido azul.

Allá en el horizonte del tiempo, cuando la carcoma corroe las carnes y los alientos de los enterrados, yo me pregunto dónde estará mi treinta y uno, aquél que sobre la loma, en el Polígono de las Margaritas, me esperaba bajo el amparo fiel de su conductor con uniforme de botones dorados al que sólo le faltaban las charreteras, en un instante de juventud perdido y ya irrecuperable

Luis Vea García,1999 ©

OJO POR DIENTE

OJO POR DIENTE

Ojo por diente,
del turbio pensamiento
haces virtud
y mientes.

Hombro por mano
-porte altivo
y grave voz-
tienes la gracia de un rucio
y pretendes hacer
del insulto, bendición.

Si tu dios te oyera...
buen rayo el que te parta
y que otra raya
-la de tu pelo engominado-
por siempre se despeine.

Que con mi empeine
un buen puntapié
yo te arrearía
o quiza, fusta en mano,
hacerte poner a cuatro patas
como tú desearías al rival
en tu muy absurda oposición.

Pendencia buscas
aunque son más las ausencias
cuando lo que oyes
gustarte, no te gusta.

Bátete en retirada
cual cobarde
con tu cohorte cacareante
de repeinadas grullas,
vete ya, pollino,
que aburres
con tu dialéctica basura.


Luis Vea García, 2005 ©

PANTOMIMA

PANTOMIMA


Allá donde se cuenta,
en los mentideros del infortunio
donde las avenidas traslucen,
los caracteres abrevan
y las personas se diluyen,
allá en los corrales
donde la mentira es cheque,
los pasillos se angostan,
los rostros se reconocen
y las palabras se bisbisean,
los labios rezuman odios,
allá donde los engranajes se inician,
donde las máquinas funcionan
dando vueltas a la rueda
y los vocablos se confunden,
entre cámaras y despachos
campa lúgubre la mentira,
allá no hay vida,
salones rojos y micrófonos,
rostros que ni se miran,
tiempos que se agotan entre susurros,
allí nace la pantomima.

Allá donde se cuenta
no se escuchan palabras de a pie,
las voces sólo corroen,
la política está de luto:
los muertos somos nosotros.


Luis Vea García, 2002 ©

TRÁNSITO DE UN LIBRO A UNA MUJER

TRÁNSITO DE UN LIBRO A UNA MUJER

El tránsito entre la lectura de un libro y la contemplación de la realidad, en esos instantes en que se levanta la vista de las páginas para calmar un poco el agotamiento, siempre me ha parecido caótico. Es un tiempo indefinido en el que el cerebro se aclimata con rapidez a una situación ajena y, al unísono, próxima. Unos instantes que se resumen en un susurro, una respiración agitada o el vuelo de una falda.

La primera vez fue en el lavabo. Me encontraba en una sala de un consultorio médico esperando a que terminasen de atender a mi esposa. Nunca he sentido la necesidad de entrar con ella y escuchar las divagaciones de un galeno - que no doctor en la mayoría de ocasiones - sumido en su propia ciencia y elevado por encima del resto de los mortales como un Zeus resucitado. Lo cierto es que esa actitud siempre me ha repateado el hígado. Pero, tornando al principio, yo seguía extasiado en la lectura de un libro de poemas - de esas colecciones de bolsillo fácilmente transportables -, cuando una mujer vestida de negro, con una chaqueta y falda corta haciendo juego, - quizá demasiado corta incluso - llenó mi campo de visión. Fue tal vez una bendición divina y el tránsito desde el libro hasta la contemplación de la pared de enfrente se interrumpió con la presencia del vuelo de una falda y del leve roce de un tejido. Cuando quise elevar la vista, sólo pude contemplar su espalda y una pícara mirada elevada, lo justo por encima del hombro para dar un repaso a mi anatomía, no excesivamente maltrecha y todavía de buen ver gracias a las sesiones matutinas de gimnasio. Dejé el libro apartado sobre una de las sillas del consultorio y desaparecí sin causar ruido ni extrañeza gracias a la inusual ausencia de pacientes en la sala de espera. El lavabo, pese a no ser mixto, era el único que había en aquella consulta por lo que entré sin sentirme excesivamente osado y, más bien, algo cohibido. Ella estaba contemplándose frente al espejo, retocándose la tez para afilar más sus tentadoras armas femeninas. Se había quitado las gafas y su vista era más clara y limpia, también más sugerente. Nos miramos cuando todavía permanecía yo en el umbral de la puerta de entrada. Fue una mirada cálida, embriagadora, de esas que recorren los cuerpos en su inmensidad. Entreabrió la boca y recorrí con rapidez los espacios y silencios que nos separaban. Mis labios ya se encontraban sobre los suyos y su lengua succionaba la mía con fruición dejándome atrapado entre sus dientes que reclamaban como suya aquella posesión que era un apéndice de mi cuerpo. Allí mismo desabrochó la falda con prontitud sin dejar de besarme. No llevaba ropa interior. Me arrastró hacia el interior del váter de forma compulsiva, agarrándome del pantalón, allá donde un bulto rompía la armonía de la pernera estallando los bolsillos y dejándolos abiertos de par en par, casi mostrándose obscenos a consecuencia de aquella súbita erección. Cerró la puerta del lavabo y armó el pestillo. El resto fue el éxtasis.

La segunda vez nos vimos casualmente en un café junto al lugar donde trabajo. Nos reencontramos fácilmente. Yo tenía una taza en los labios pero su presencia me absorbió como una gamuza recoge el agua derramada. Se acercó a la barra de zinc, repleta de tazas y platos preparados para ser llenados de café, y me tomó de la mano. Olí su perfume y me atontó la esencia, tan femenina y, al mismo tiempo, tan arrogante y violenta, como ella misma. Dejé la taza sobre el mostrador previendo que la fuese a derramar. Le acompañé a su casa. Tuve la sensación de que no estábamos solos, pero me dejé llevar a la alcoba. La cortina estaba medio corrida por lo que podía ver la calle con sus transeúntes y el ajetreo cotidiano. También nos podían ver a nosotros desde el bloque de enfrente. Pronto me olvidé de todo aquello que nos circundaba, su sola presencia acabó inundando mi campo de visión. Ella se desnudó sin preámbulos ni mediar palabra alguna. Se tumbó sobre la cama a la vez que me tomaba de la mano. Yo sólo pude que recorrer los surcos de su intimidad...

De ello hace ya un año. Todavía aguardo a la puerta del consultorio médico algunos días, pero ella no aparecerá. En el exterior de su piso, en el balcón, cuelga un cartel que me reitera su falta. A veces me abandono en el café durante horas y recorro su ausencia con la mente, aunque tengo la certeza de que nunca volverá.

Luis Vea García,1999 ©

De Cotidianos, Isla Varia Ed, 2008.

MIENTRAS

El sonido del agua dice lo que yo pienso.
SHUANG TSU

MIENTRAS

Mientras el cierre de la puerta
me remuerde el destino,
la bombilla todavía encendida,
el gotear lejano del grifo...

Nos aguarda la calle,
los rayos te inciden en las pupilas,
permanezco ausente;
me ciega la obscuridad.

Mientras sonríes al sol
y rehuyes mi mano,
alisando los pliegues del pantalón,
mirando la mancha de pintalabios...

Nos aguarda el silencio,
el beso en la despedida,
el rostro contraído,
un adiós en la estación.

Mientras decides,
déjame únicamente
que me angustie en tu recuerdo
mientras se me decolora el alma...

Luis Vea García, 2000 ©

LA CORDURA DEL MENCEY LOCO

LA CORDURA DEL MENCEY LOCO

                  Desde los acantilados de Anaga el mar era un tablero en el que las embarcaciones, como fichas dispuestas para una partida de ajedrez, reposaban en la única rada que existía. En las alturas acechaba Beneharo, monarca de Anaga, retirado a las montañas desde la victoria de la Orotava.    

      Los ejércitos del Adelantado Fernández de Lugo avanzaban sin piedad pasando por las armas a cuanto guanche se pusiera por medio. El mencey no lograba alentar a sus diezmadas tropas con arengas que exaltaran victorias anteriores como la ya mítica derrota de los españoles en la Matanza de Acentejo.

-¡ Guayota, Achamán! Por los huesos del Gran Tinerfe, juro llevar a los guanches a la victoria.

Y levantó la añepa, el cetro de los menceyes. Ya los cánticos eran tenues y los ruegos a los dioses eran una ceremonia carente de sentido y repetida en los últimos tiempos con excesiva asiduidad.Terminada la petición, se acercó a la entrada de la caverna y con sus propias manos cavó un hoyo en un lugar preestablecido. Y desenterrando con sus uñas, extrajo de la tierra un recipiente de barro. Se puso en pie y ante los famélicos rostros de los escasos guerreros que quedaban vivos dijo:

- Es hora de luchar.

Y seguidamente lanzó contra el suelo el gánigo y la paz se partió por siempre en mil pedazos. Y mientras contemplaba los restos de la vasija, recordaba con ilusión la mítica Liga de Taoro en la que los menceyes de la isla se pusieron de acuerdo para derrotar al invasor que provenía de más allá del horizonte. Mejor pertrechados y armados que los guerreros guanches sin embargo, la victoria les fue esquiva. Los reyes españoles tuvieron finalmente que enviar a Fernández de Lugo, después de que la invasión se prolongase más allá de los esperado, conquistado ya el reino de Granada y descubierta América. Atrás quedaban las victoria en la Orotava y la conquista de la isla de la Palma en 1493. Tanausú no había claudicado, pero en una maniobra no exenta de crueldad y mentiras, fue detenido y enviado a España para jurar lealtad a la corona ante los Reyes Católicos, pero el rey benaoharita prefirió el suicidio a la entrega y cuando se divisaban las costas de España, fallecía de inanición.    

     Beneharo ignoraba el cruel fin que había deparado al rey palmero y sin embargo estaba dispuesto a luchar hasta el final para conservar un pedazo de tierra rodeada de acantilados pero con  fértiles pastos para los rebaños de la tribu. 

Ansiaba la paz pero, paradójicamente, plantó batalla al ejercito del español con armas de madera y piedras contra arcabuces y espadas de metal. Una nueva masacre se gestó en Aguere y los escasos efectivos guanches, cercados entre peñas por el enemigo, se arrojaron al vacío ante la impávida mirada de los españoles, incapaces de entender que para los guanches la rendición era poco menos que una segura esclavitud. Salvado por los accidentes geográficos pudo huir el rey de la refriega, corriendo de risco en risco, de peña en peña, gritando a sus dioses - Achamán, Dios de la creación, y Guayota, Dios de los infiernos - y repitiendo sus nombres al unísono que el eco reiteraba las palabras para acabar enviando su cuerpo a las frías aguas del Atlántico, océano que jamás logró navegar y que acogió sus restos con una leve flotación. Fue bautizado con el nombre de rey loco porque su voz todavía se repite de piedra en piedra y de roque en roque clamando justicia a los dioses.    

      Poco después de aquella derrota, que fue victoria para las tropas del Adelantado, mandó éste construir la ciudad de la Laguna que sería durante años la capital de la isla de Tenerife.         

   Transcurrido el tiempo, entre los nativos se contaba la historia de Beneharo, el rey loco, que tras ver arrojarse al vacío a los suyos siguió corriendo aclamando a sus dioses y que jamás pudo ser vencido por las tropas españolas. Por su parte, Fernández de Lugo completó la conquista y pudo presentarse ante los Reyes Católicos como el hombre que anexionó a la Corona castellana las islas de Tenerife y La Palma.    

     Los acantilados de Anaga permanecen todavía casi vírgenes, las carreteras no ahondan en sus entrañas de laurisilva, las playas son bravas y el aire sopla enloquecido lanzando mil veces el nombre de Beneharo y recordando al extranjero la derrota de Aguere. Desde los riscos de Anaga,  los roques mar adentro y el mar nos sugieren la misma vista que debió de contemplar el mencey antes de morir, kilómetros de agua y, a lo lejos, la silueta de la isla de Gran Canaria.                                                                    

      FIN                                                  


Luis Vea García,2002 ©

DIARIO

DIARIO

Paseando por la calle del mar de Badalona nos encontramos una pequeña perfomance de un grupo de jóvenes y menos jóvenes dando a conocer los peligros de la esclavitud infantil. Se nos acerca una de ellos y yo le compro un ejemplar de la revista que venden. Apenas ochenta céntimos de euro. Al cabo de un rato la ojeo apercibiéndome enseguida que tras la declaración inicial enseguida se esconden soflamas a favor de Rajoy, en contra de los homosexuales, contra las reformas sociales emprendidas por el gobierno actual... Es entonces cuando me sube una súbita indignación por este totum revolutum que nos venden en el que se protesta por la muerte de los niños indefensos y unas líneas después se dice que el gobierno debería olvidar los muertos del Yak 42, de la Guerra de Irak, etc... A Pilar le entran unas terribles ganas de devolver la revista de turno y pedir el dinero pagado, un poco más allá otra revista yace en el suelo de algún escarmentado. Y, al levantar la vista, una chica se empeña en venderme un nuevo ejemplar. Creo que mi mirada a la pequeña cachorra de la derecha ha debido decirle el resto.

Me confesaba hace un tiempo un miembro de un jurado de un concurso literario de poesía que él puntuaba los poemas en función de la corrección de su métrica. Le pregunté si acaso no tenía en cuenta el contenido, el significado, las figuras retóricas... Me respondió que si no entendía el poema, no lo puntuaba. Y yo me encogí de hombros.

La ronda de Sant Martí se ha convertido en un cementerio de vehículos. Unos abandonados, otros robados y desguazados. Sus matrículas desaparecen al poco tiempo y después van cayendo sus piezas. Al final, cuando sólo queda la carcasa, la Guardia Urbana acaba retirándolos. En el asfalto permanece siempre alguna pieza huérfana.

Perdónenme la herejía pero cuánto daño han hecho los Machado, Lorca y Miguel Hernández a la poesía. Sin saberlo y muy a pesar suyo. Porque vayas a donde vayas siempre encuentras a imitadores de tres al cuarto que con descaro copian sus voces. Fueron tan potentes sus estilos y mensajes que todo el mundo cree que únicamente lo que ellos hicieron puede considerarse poesía. Y surgen cientos de voces clónicas. Yo procuro no hacerles caso a los imitadores, prefiero releer a los originales.

AHOGO

Probablemente una de las sensaciones más desagradables que pueden sentirse sea el ahogo. Notar esa obturación de la respiración, el inútil movimiento oscilante del aparato respiratorio, el rostro enrojeciendo, la garganta que se reseca, el súbito embotamiento de la mente, la tos, la contracción del cuerpo... Notar que ya nada responde, que el agarrotamiento inicial va dando paso a un espasmo, que la nuez intenta tragar sin ningún éxito... A mí me produce todas esas sensaciones la mediocridad enquistada en nuestra sociedad, el funcionamiento a base de clichés, de frases hechas, de conductas reiterativas, la carencia de originalidad, el predominio del márketing sobre la imaginación, la monótona repetición de las mismas voces, de los mismos mensajes expresados con tanta simplicidad como si hubieran sido creados para imbéciles. Uno diría que muchos de esos mediocres se han formado en la factoría Bush de idiotas y ahí los ves dirigiendo de la misma forma un partido político, una empresa, una televisión o una universidad privada. Llega hasta el hartazgo la repetición de cuatro muletillas a las que sólo se les cambia una palabra. Y así es como el mismo mensaje se vende igual en un best seller para deficientes culturales que en un programa de televisión. Hay un momento en que si no explotas el mensaje te atrapa y caes en sus redes. Te conviertes en uno más de los que apretan el botón. Entonces, el Gran Hermano de la democracia, el consumo irracional, los programas con vaquillas para disecar las mentes, la música para aplatanar cerebros, los periódicos plagados de mentecatos culturales y de mensajes que se consumen como opio te alcanzan. Ya eres presa del ahogamiento. Y no hay tiempo de gritar. Hazte un favor, súmate a los mensajes discordantes. Acabarás agradeciéndomelo.

Luis Vea García, 2005 ©

VACAGUARÉ

VACAGUARÉ

Si arracimo recuerdos
y los contemplo desde el infinito,
si los anhelos recobran vida:

Vacaguaré.

Si fallezco sin sentirte,
si con mis pies no te horado,
si me dejo vencer:

Vacaguaré.

Si el olvido me defenestra
lejos de la tierra guajara:

Vacaguaré.

Si los amaneceres embrujados
del valle de Ucanca
se convierten en lejanas
referencias de un paisaje
que se diluye:Vacaguaré.

Vacaguaré, Guajara,
si no puedo tenerte:

Vacaguaré.
Vacaguaré, Guajara,

si te olvido:
Vacaguaré.

Y que los guirres enloquecidos
devoren entonces mi alma.

Luis Vea García, 2002 ©

(1) Vacaguaré: Grito de melancolía que en la lengua guanche significaba algo así como ¡Quiero morir!

DIARIO

DIARIO

El viernes pasado en el concurso que antes mencioné. Obtengo el primer premio de narrativa pero siento una alegría contenida. Creo que ha llegado el momento de buscar otras metas y de dejar que otros empiecen aquí su camino.

Concluyo otro libro de ensayo sobre Unamuno, Homenaje a Unamuno a fin de documentarme para mi ensayo. Las notas del profesor De la Nuez son lo mejor y quizá algunos apuntes de Dámaso Alonso.

Los medios de comunicación se dispersan haciéndose eco de la concepción del futuro heredero de la corona. Opio para la estupidez y las revistas del corazón. Palabras vacías para decir siempre los mismos mensajes. ¿Realmente nos informan o tan sólo hacen campaña para monarquizarnos? Creo que este año estamos teniendo sobredosis de monarquías europeas.

Observo con estupor como de forma casi mecánica convertirse en escritor supone ser objeto de palmaditas a la espalda o las críticas más crueles por parte de semejantes. Es decir, envidias varias. Y para colmo, entrar en el punto de mira de otros que no opinan como tú y que están esperando el momento oportuno para la calumnia. ¡Por si no teníamos bastante con el márketing!

Ayer otra entrega de premios, autoridades y conocidos, siempre los mismos rostros dando razón a aquéllos que opinan que en la literatura hay mucha endogamia. Aplausos, placas y trofeos. El salón de actos del Hospital de Sant Pau es un lugar ideal para la entrega. Incremento el cómputo de concursos locales ganados.

¿Es el abatimiento, la decepción la que mueve a expresarnos por escrito?

El ano es el nudo gordiano de las posaderas.

Cada vez que releo Martin Eden de Jack London, siento dos sensaciones contrapuestas. Una inicial que puja en pos de mejorar como persona, básicamente en la faceta intelectual. Ansias de escribir y expresarme. Y un segundo de un tristeza demoledora. Al finalizar el libro ardo en deseos de continuarlo, o, simplemente, de corregirlo, a pesar de comprender la lógica del relato y de su final. ¡Cuánto daría por un final más esperanzador! Y, entonces, todas las ansias de mejorar se diluyen.

Ando la mañana dándole vueltas a un asunto tras leer un cuento de una amiga. Hablaba ella de la perrunización de un gato. Y después de pensar largamente en perrunizaciones de gatos y gatunizaciones de perros he llegado a la conclusión de que los seres humanos ganaríamos largamente si pudiéramos perrunizarnos o gatunizarnos.

Releyendo algunos de mis poemas observo con preocupación que ha decaído el lirismo en los mismos y me pregunto si no es quizá la temática y el mundo que nos rodea lo que ha hecho cambiar mi modo de escribir que parece que se ha adaptado simplemente a la vida que llevamos. Será que es verdad aquello de que son malos tiempos para la lírica.

CANARIAS

CANARIAS

La patria es una peña,
la patria es una roca,
la patria es una fuente,
la patria es una senda y una choza.

Mi patria no es el mundo,
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra.

A veces por el mundo
con mi dolor a solas
recuerdo de mi patria
las rosadas, espléndidas auroras.

A veces con delicia
mi corazón evoca,
mi almendro de la Infancia,
de mi patria las peñas y las rocas.

Y olvido muchas veces
del mundo las zozobras,
pensando de las islas
en los montes, las playas y las olas.

A mí no me entusiasman
ridçículas utopias,
ni hazañas infecundas
de la razón afrenta, y de la Historia.

Ni en los Estados pienso
que duran breves horas,
cual duran en la vida
de los mortales las mezquinas obras.

A mí no me conmueven
inútiles memorias,
de pueblos que pasaron
en épocas sangrientas y remotas.

La sangre de mis venas,
a mí no se me importa
que venga del Egipto
o de las razas célticas y godas.

Mi espíritu es isleño
como las patrias rocas
y vivirá cual ellas
hasta que el mar anegue aquellas costas.

La patria es una fuente
la patria es una roca
la patria es una cumbre
la patria es una senda y una choza.

La patria es el espíritu,
la patria es la memoria,
la patria es una cuna,
la patria es una ermita y una fosa.

Mi espíritu es isleño
como las patrias costas
donde la mar se estrella
en espumas rompiéndose y en notas.

Mi patria es una isla,
mi patria es una roca
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora.

Nicolás Estévanez Murphy (Las Palmas de Gran Canaria,1838-París,1914) Canarias, canto VII

DIARIO

DIARIO

Nunca he entendido esos concursos literarios en los que se empeñan de que hablemos de temas tan dispares como los aposentos de Isabel la Católica, las libaciones de las abejas o los muebles del jardín. Uno que es muy bruto tiende a imaginarse una historia poco dada a leerse en público o, simplemente, a quedarse en blanco maldiciendo el tema para luego reconocer que deben presentarse pocos concursantes teniendo en cuenta el tema de marras y que, en definitiva, vista la dificultad el premio suele estar muy mal pagado. Y como en éste no me sonríen los dioses acabo imaginándome a un tipo muy docto en muebles de jardín ideando un tratado de cómo relacionar el toreo con el arte mobiliario, que no nobiliario.

Entrega de premios del concurso literario del cual fui jurado. Sentado en la tribuna de autoridades con otros jueces, políticos, autoridades y organizadores.Delante de mí un hombre con traje, que luego supe militar retirado, me convierte en víctima propicia a sus batallas. Todavía lleva la pistola. El político de signo contrario le mira un tanto molesto, un tanto desorientado por su verborrea. A la legua se nota que bebió de más. Él dice que la bebida no le sube. La espera se resuelve con su perorata, pero, a decir verdad, el tiempo pasa. Luego los discursos, las sonrisas y la entrega de premios, las inefables fotos y la despedida. ¿De qué modo se despide uno de alguien al cuál no verá más?

En el País Vasco el PNV gana, de nuevo, las elecciones. ¿Quién se atreve a ponerle el cascabel al gato?

Habemus papam. El elegido es Ratzinger. El humo no se supo si fue negro o blanco. ¿Será esa la primera señal de su pontificado?

Qué fastidioso debe ser ser ateo en Roma.

Me comunican que me han concedido un premio en uno de los muchos concursos literarios a los que me he presentado. Desconozco si es en la modalidad de prosa o en la de verso. En pocos días, el viernes, lo sabré.

POR MÁS

POR MÁS

Por más que el tiempo transcurre y el corazón se evade,
que el pulso se aletarga en sucesiones de caricias,
que los recuerdos me imbuyen de espacios inocuos,
que me cabalgan en momentos infaustos
y me agreden en constante sucesión de venas cargadas,
de sangre roja que estalla y retorna,

Por más que el momento es más profundo que la hora,
que el instante es más propicio al alma que el día,
que la eternidad es un trance insufrible fuera de tu lado,
que el pintalabios no tiene sentido lejos de tus comisuras,
que el estómago se me retuerce en jirones
y las hormigas se agazapan al intestino cuando veo tu foto,

Por más que el plenilunio se alcance fuera de noches brumosas,
que la tierra mortifique con instantes perpetuos
y agonías que se agolpan monótononas,
que se detengan los relojes en los mediodías cotidianos,
que suenen los despertadores en mañanas solitarias
de sábanas cobijadoras de lamentos y falsas esperanzas,

Por más que segregue lágrimas a golpe de corazón,
que tu cálido susurro azul me estremezca,
que tu perfume de París me arrebate las remembranzas;
el destino sigue su curso bajo el mismo sol impasible
y las tenazas del tiempo te situaron en el umbral
de un hospital, en una camilla blanca, yerta.

Luis Vea García, 2001 ©

DIARIO

DIARIO

Fallece Juan Pablo II. Cabe esperar que su substituto sepa sobrellevar mejor temas tan espinosos como el aborto, la teología de la liberación, la anticoncepción, los derechos de los homosexuales, etc...

Se ha estropeado la lámpara del comedor. Es una de esas lámparas de pie, halógenas, con una luz blanca que ilumina sin ayuda todo una estancia. Ya la hemos reparado un par de veces pero es un regalo de Pilar y le hemos cogido cariño. Somos muy dados a tomarles cariño a los objetos. Como la hemos de llevar a una tienda de reparaciones, la he desconectado y dejado en la biblioteca. Luego, al volver allí, la he visto, enhiesta y triste, desangelada, como una figura de Cervantes, como un Quijote sin armadura o como las figuras del Greco. He sentido lástima de ella como si fuera un jubilado.

Fido tiene el día -mejor, la tarde- maullador. Mientras estoy en el comedor tratando de leer le oigo llamarme y a través del biselado de la puerta intuyo su cuerpo de gato añoso. Y tras abrirle me viene al oído el suave ronroneo de la respiración y una mirada que limpia. En esos instantes es cuando tengo constancia de que el libro no puede aportarme tanto como este viejo gato, sus ronroneos y maullidos.

Leyendo la historia de Canarias es fácil simpatizar con la defensa que hicieron los guanches contras las campañas de los Bethencourt, Fernández de Lugo, Pedro de Vera y otros. Teniendo en cuenta la crueldad de los europeos imagina uno el potencial de violencia empleado en la conquista de América. Transcurrido el tiempo, lo que llama la atención es que esa historia haya quedado en los canarios como un poso de nombres que adornan edificios y hoteles y como un plus de honrrilla y, sin embargo, cuánto caso les siguen haciendo a los descendientes de aquéllos, a los poderosos, a los grandes hacendados, a los especuladores, a los usurpadores, a los filibusteros, a los que siempre se han enriquecido con las desgracias de los demás.

Leyendo el libro de Ramón Sampedro, Cuando yo caiga.Poemas cargados de razones pero faltos de oficio y de lírica, si no fuera porque los escribió él, ¿quién se los hubiera publicado?. Habrían acabado en un cajón de la mesa de la cocina o con un poco de suerte en una de esas editoriales que te cobran por autoeditarte.

ANHELO

ANHELO

Si anhelo los susurros al oído,
tímidos y sigilosos;
en el tiempo, detenidos;
guarecidos en el recuerdo,
de las hojas muertas,
de las cartas guardadas
y las fotos marchitas;

si anhelo la brisa de tu respiración
junto a mi cogote,
enérgica y letárgica,
ondulada y sedienta,
transida, agotada,
leve roce sobre la mejilla
que se eriza en la piel;

si anhelo esa mirada perdida
en un punto muerto del salón,
posada sobre sillones
revueltos de discos que suenan
y agotan sus músicas,
elevada en un cielo muerto,
blanco, de la habitación;

si anhelo tu mano,
posada en la mía,
tu tacto suave,
divinas caricias ,
alegres variaciones de notas
que reinciden en otoño
con el caer de las hojas,

si te anhelo en el día de hoy
es porque al acudir a verte
a un frío lugar,
vi tu foto junto a las flores,
en un cajón,
y supe que el cemento
no te merecía.

Luis Vea García, 2000 ©

GUAJARA

GUAJARA

Guajara, he integrado fragmentos
de eternidades en tu paisaje.
Tantas vírgenes mutiladas,
tantos cantos desoídos...
Albores lejanos y gritos
que provienen de un pasado.

Siglos después, Guajara,
eres un prolongado infinito
de mareas y bajamares;
continuo vaivén y zozobra
que rompes segundo a segundo
con tus aguas en la línea
de la costa, arenas de intensa
negritud en tus pies.

Guajara, mi amor se agita
desde la lejanía,
un amor térreo y perdurable
que se consume en la distancia,
un potente sentimiento
de pertenencia que aniquila.

Guajara, la curva de tu cuerpo
es la línea de la costa,
costa negra que se me evade,
costa do jamás puedo arribar.
¿Estoy condenado
a vivirte en lontananza?

Luis Vea García, 2001 ©

DIARIO

DIARIO

El entramado de calles de Vegueta, retorciéndose para llegar a la catedral. Luego, serpenteando de nuevo perdiéndose en la ladera. La calle de los balcones abriéndose paso. Una luz al fondo, todo azul. El mar. Por esto tantos balcones. Habrían de ser ciegos los habitantes de Las Palmas para no pararse un instante a contemplar el mar. Y la casa de Colón. Su patio tropical. La madera de tea. Los techos cálidos de pino canario. En Vegueta pierde uno algo. Es una forma de obligarse a volver para recuperarlo.¡Qué magnífico lugar para presentar un libro!


Semana Santa. Arlequines vestidos de santos, payasos prestos a comulgar.

El anterior gobierno socialista de Felipe González, cuando las cosas se le pusieron mal y la mayoría absoluta desapareció, decidió pactar con CiU, decisión que a la postre sería fatal. Si hubiese mirado a su izquierda, en lugar de confiar en la estrategia de ganar votos a I.U, quizá hubiese podido evitar la oposición PP-I.U y nos hubiese ahorrado ocho años de aznarismo. Todo por pactar con el socio equivocado. Afortunadamente Zapatero habrá tomado buena nota de ello, por eso les sabe tan mal al P.P.

Entrar en el trance del tiempo, dejarse derramar en el olvido...

Hay dos tipos de personas: Las que cuando tienen un problema lo afrontan y las que cuando tienen un problema miran hacia otro sitio.

Nueva catástrofe en Asia a causa de un terremoto, las noticias llegan con cuentagotas... como no ha ocurrido en ningún país occidental...

Savater tiene esa solemnidad y aplomo diciendo las cosas y las acompaña de esa sonrisa que le enmarca esa barba. Al final acabas creyéndotelo todo, aunque su razonamiento cojee por todas partes.

En vísperas de las elecciones vascas el Tribunal Constitucional prohíbe a un partido vasco presentarse. Nada dice de Falange española y otros grupos de ultraderecha. ¿Ellos sí pueden?

Vuelvo a los diarios de Trapiello con ansiedad, esos que él denomina Salón de los pasos perdidos. Y, aunque no siempre, o muchas veces, estoy en desacuerdo con él, sobre todo en lo que a política se refiere, me gusta esa mezcla de cotidianeidad y ese discurso del paso del tiempo, lento pero con un trasfondo dulce que deja. Aunque no siempre. Muy amargo es el comentario que hace de la muerte de Federica Montseny. Amargo, tan amargo como su vida. En apenas unas líneas la reduce a polvo, a una injusta insensatez. Equivocada o no, eso no importa a Trapiello. Lo peor es esa arrogancia con la que lo dice. Lo peor es esa descalificación amable que la convierte en víctima de sus propias ideas. Todos somos víctimas, de nuestras acciones y de nuestras convicciones. De nuestras ideas, de nuestra arrogancia también. Incluso tú, Trapiello. También tú. Muy a pesar de eso te seguiré leyendo, desde la disensión, evidentemente.

UNIVERSO

UNIVERSO

X descubrió que tenía problemas de meteorismo desde el mismísimo instante en que visitó el planetario. Y, sin embargo, alcanzó a ver las estrellas.

Luis Vea García,2003 ©

INTERCAMBIO DE PAZ

INTERCAMBIO DE PAZ

A estas alturas en las que la Navidad es sólo una fecha que se entremezcla con los bombardeos, en las que la claridad de las bombas y la de las luces del árbol se confunden, me pregunto qué sentido tiene celebrar el nacimiento de Jesús vestido de caqui, con la ametralladora al lado mientras oteo el horizonte y sorbo una taza de café. El frente, a lo lejos, se ilumina bendecido por cataratas de colores que descienden de los aviones. Maquinaria de guerra siempre en movimiento. Un F 18 acaba de descargar sus proyectiles sobre el otro lado de la montaña. En el silencio que me otorgan los bombardeos entre una incursión aérea y otra, me abstraigo, pero algo perturba la quietud de la guerra. Una niña de apenas diez años se me acerca sin mediar palabra. Dejo el arma a un lado y, cuando está frente a mí, veo que lleva escondidas las manos, entreabriendo la boca para reír. Su manita se acerca a mí con una flor. Observo su sonrisa y le sonrío, le tiendo una tableta de chocolate. Tomo de su mano la rosa. Ella se aproxima todavía más y me muestra la mano que permanecía oculta. La abre y una granada queda a la altura de mi rostro ya sin su anilla. Tomo la paz y la guerra al mismo tiempo. En los instantes que restan comprendo que es demasiado tarde para nada. Feliz Navidad.

Luis Vea García, 2002 ©

DIARIO

DIARIO

Cierro los ojos. Un cielo anodino y la frase de Félix Francisco Casanova dándome vueltas en la cabeza: "la muerte es una criatura otoñal". Una frase afortunada, un verso errante que destaca entre los suyos. Yo hubiera o hubiese amado es tan solo una obra de un adolescente con algunas ideas originales. Mucha traca, poca luz.

Detener la mirada en el vuelo aplazado de una mosca.

Cuando me intentan simplificar la realidad, también sé que están tratando de engañarme.

Los conceptos simples acaban distorsionando la realidad en la dirección deseada por el simplificador.

El cielo límpido de Betancuria y ese azul deslumbrante, que ciega, cuando la vista se adentra en la Plaza de Santa María. Y el blanco de su iglesia que refulge. Es imposible mirar. Sin embargo, ¡qué dificil es no hacerlo!

Perder el tiempo en conversar. Como aquel pescador de la isla de Lobos que me dijo: Siéntese un rato. Aquí no hay más que hacer. Y seguir charlando, esperando que llegue la pesca, hablando de la vida.

A veces perder el tiempo es ganar vida.

Han retirado una estatua del dictador en Madrid. Los dinosaurios han vuelto a aparecer. Y no los de Monterroso.