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MADERA DE NÁUFRAGO. Blog de Luis Vea.

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Ocupo el lugar que me corresponde en el universo.Siempre creí en la certidumbre de la teoría del caos, es mi aportación particular a que el equilibrio se dé, cuando todos se plantean una dirección, yo me pregunto el porqué no de la opuesta. No lo puedo evitar, es así desde siempre. Prefiero ser náufrago que cautivo, soy pez de aguas solitarias. A veces me encallo en charcos pero sigo respirando. Me cuesta aceptar la autoridad, necesito razones, si la vida no me las da, las busco. Uno se acostumbra a la permanente contradicción pero eso también aporta una visión del mundo más crítica.

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  El viento siempre levantisco, las olas arreciando entre windsurfistas y paseantes, también algún que otro corredor y la claridad de la tarde retrocediendo. El mar, siempre el mar. Con Pilar uno asocia siempre el mar. En él, con él, alguna de las cosas más importantes de nuestras vidas.

Foto de El Médano (Tenerife) © LVG

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Qué quedará de mí cuando fallezca, me pregunto a veces, perdido por mis propias decisiones. ¿Qué les ocurrirá a mis libros, a mis objetos, a mis recuerdos? Quizá acaben a la puerta de casa, como alguna vez he visto, a la espera de esos miércoles en los que el Ayuntamiento recoge lo sobrante, quizá en una almoneda, en un trapero o en un rastro, como acostumbra a decir Trapiello. Nada se pierde porque las bibliotecas de ahora están hechas de la destrucción de otras tantas bibliotecas de antaño.
No pervivimos. Quizá con suerte nuestros actos o nuestras obras. Nadie se lleva nada decía Machín en un bolero.
Y de nuestros actos sólo se hablará mientras los que nos conocieron nos sobrevivan. ¿Pero después? De nuestras obras, si queda alguna constancia, será acaso un libro, una escultura, una pintura… Eso si alguien le otorga algún valor. La mayoría de las veces tampoco nos sobrevivirán.
Hace unos días, en el Mercado de las Glorias, en los Encantes, veía un album de fotos tirado en el suelo, abierto, casi eruptando imágenes, y me dio la sensación de entrar allí donde nadie me hubiera invitado. Traspasar la intimidad que no me correspondía ver. Toda una vida en imágenes. Desde las primeras en sepia a las últimas en un color desleído de principios de los setenta, pantalones pata de elefante, camisas ajustadas…
No sé porqué ese pensamiento me empezó a turbar. Tanto hacer camino propio, tanto encontrarse a uno mismo para no encontrar nada más que mis propios límites físicos, tan finitos…

Fotografía: Iglesia de la Concepción (Santa Cruz de Tenerife) © LVG

 

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Tanto silencio, tanta lejanía hace daño. Tanto instante transcurrido. Tanta distancia impuesta. Tiempo para reflexionar, derribar la imagen falsa, olvidar el espejismo... Y calmar el tiempo, ahogar la desazón. Refugiarse en el paisaje. Crear. Aun cuando el recuerdo paralice.

DETENCIÓN.

DETENCIÓN.

Tengo la sensación desde hace un tiempo de que se me paró la vida. A veces he tenido la sensación de que se había acelerado, pero ahora está  detenida. Está detenida en un instante a medias, en un segundo que no termina, en un impasse sin salida. Y no avanza. No es que me encuentre en un bucle y repita los mismos actos. Es, simplememente, que no continúa. Y poco a poco el lamento de este gélido invierno termina paralizándome. En ese instante interrumpido no hay un paso más. Tan sólo el recuerdo de lo pasado que avanza, avanza todo aquello que debería avanzar el cuerpo y no hace. ¿Habéis tenido alguna vez esa sensación? Es extraña. Ya es raro desconocer qué pasará en el futuro, pero a eso nos terminamos de acostumbrar. Pero la sensación de detención es algo a lo que no me hago.

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Trabajo en dos ideas. Una que parte de la disgregación del concepto básico de mi poemario Hachazo de metrónomo - el transcurso del tiempo en nuestras vidas, la evolución de nuestro cuerpo y mente, el desgaste físico, la decrepitud, la muerte...-. El largo recorrido. La idea del ayer asociada a la juventud utilizando el flashback. La otra, una semblanza, una continuación, una trasposición de lo que Asimov plasmó en El hombre bicentenario. Trasposición alegórica a través del tiempo. Algo que podría llegar a llamarse La mujer positrónica.

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Baja en tropel una riada de turistas hacia Plaza de Catalunya. Delante, junto al hotel Calderón, un coche mal aparcado de color negro. Resaltan unas letras luminosas: PLAGAS.

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Los libros arrojados, en una bolsa de basura negra. Son de autores conocidos, algunos mediáticos pero también está Neruda. Por ahí uno de Barril, otro de Buenafuente, otro de Gala. Y uno más. Y un libro en blanco, con cuatro misteriosas páginas escritas. Una historia que se inicia con:

"El día 9 de abril supe que estaba embarazada. Si he de ser honrada la noticia me cayó como una bomba"

Buen inicio para un relato, aunque quede convertido en ficción.

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Ya están los gorriones medio locos ejecutando danzas en el aire hasta caer de forma leve sobre el pavimento. A unos metros de mí, todavía enzarzados como si fueran uno. Y al rato, el vuelo raso y raudo de un petirrojo. Y un poco más allá una nube de ruidosas cotorras argentinas de un lado a otro, del césped a las copas de los árboles y, de nuevo, dibujando figuras en el cielo. A primera hora de la mañana, en la Ronda de Sant Martí. Mientras, un anciano con un bastón pasea lentamente dejándose mecer por el aleteo de los pájaros.

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El otro día en Arenys de Mar, comiendo en la Cofradía de Pescadores del puerto, recordando otras Cofradías al otro lado del mar, cruzando el Atlántico. Similares recuerdos con distintos sabores. Y a su término, paseando por la playa nada hacía presagiar que con la frialdad del día íbamos a contemplar unas posaderas femeninas en pomposa redondez, quizá algo relacionado con el rodaje de una película. Canto al amor lascivo.

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Ya he hablado alguna vez de la escasa confianza que me merece el gremio de los correctores a tiempo parcial -que nada tiene que ver con los correctores profesionales, que no se pongan quisquillosos- y hoy he obtenido una nueva prueba de ello. Hace ya algún tiempo que en la Wikipedia aparecía citado uno de mis textos, La cordura del mencey loco,para ilustrar un tema bajo el epígrafe Batalla de Aguere. En Navidades me apercibí de que mi texto, sin ningún permiso ni respeto, había sido vilmente fusilado, es decir corregido - si a eso se le puede llamar corregir-, mutilado, modificado... Puse en conocimiento de la Wikipedia el hecho, argumentando que los textos literarios están sujetos a derechos de autor, que no puede venir cualquiera y cambiar una coma porque así le guste más o una palabra porque la sonoridad de ésta le hace una reverberación especial en el oído.No.

Hoy, al ir a consultarlo, he visto que había desaparecido. Es decir, ni cita ni texto. Da lástima, es cierto, pero si para ser citada una obra tuya previamente debe ser fusilada, mejor no ser citada. Viva el reino de la censura.

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Después de mendigar que alguien se apiade de tus escritos, después de que viajen de aquí para allá, al fin, cobra sentido una nueva crueldad, la del censor, la del crítico irredento, la del corrector a tiempo parcial, la del poeta o escritor frustrado que cree -él dirá que con razón- saber mucho más que tú y se permite, sin reparo alguno, corregirte. Así donde dice pátina (barniz), elimina el acento y pone patina. Quizá le suene mejor al oído, ¿pero qué sentido tendrá ahora un objeto que patina en lugar de un objeto con una pátina de suciedad o de óxido? O aquella otra vez en la que al censor debió sonarle mal savia (de las plantas) y puso sabia, sin pensar que los árboles sólo pueden ser sabios figuradamente. Al censor nada le importa, piensa que ,además de corregir, está recreando el objeto del poema, o del escrito, en realidad no hace más que reinterpretarlo, reescribirlo. Algo que jamás se le pide. Pero el escrito no puede lamentarse y al autor  le queda la pataleta cuando el libro está distribuido o la revista circulando. Entonces ya es tarde y la sangre se te apelotona en la garganta.

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Girona.

Los reactores sobrevuelan la ciudad vieja, no quiero decir con ello que sólo sobrevuelen esa parte de la ciudad, probablemente toda. Quizá la paradoja se da más aquí por contraste entre épocas. El río Oñar es sólo un hilo que poco destila, ni agua ni casi vida. Sólo al final, llegados al núcleo histórico, el hilo se ensancha y se convierte en madeja. Los patos nadan y algunas zancudas zambullen sus picos y luego se elevan orgullosas. Caminamos la rambla hasta llegar a los baños árabes que no son de origen árabe y, tras pasar el umbral, me apercibo de la presencia judía en esta ciudad. Cuatro ventanucos en el cielo y uno de ellos en forma de la estrella de David. Y poco después, Sant Pere de Galligans que, aunque lo fue, ya no es iglesia de culto y se conserva como museo. Del paleolítico al románico en un plumazo. Demasiada mélange. Luego una sucesión de iglesias hasta llegar a la catedral, convertida ya puramente en museo, negocio de la Conferencia Episcopal que cuando lo desea no entiende de cultos y sí de dinero. Presencia esbelta, recorrido turístico muy bien señalado, claustro en reparación. Cada uno de los capiteles contiene una pequeña historia que bien valdría un libro bastante mejor que Los pilares de la tierra o El código da Vinci.Al salir, música de violín de fondo, un par de parejas acarameladas. Absorto, pienso que en cualquier momento se echarán a bailar. Pero no sucede, al menos en la realidad.Cae la tarde sobre la judería. Las calles estrechas y empinadas como laberintos o círculos concéntricos de Dante se ennegrecen. Poco más allá el Museo de Historia de los Judíos.

Camino de vuelta, largo, pienso en esa exposición sobre judíos y palestinos y en su título: Coexistencia.  

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La Laguna, Tenerife.

Llegados al aeropuerto de Tenerife Norte, la vista de la Vega lagunera, las casas diseminadas trepando por la ladera, la autopista como una serpiente corroyendo las montanas, hileras de hormigas caminando en una sola dirección, las nubes amenazan con abrirse pero no aún, antes el cielo va trazando sus retazos azules, antes las gasas casi sucias rasgándose, tapándome las montañas hacia cuyas cumbres prosiguen trepando los árboles ya perseguidos de viviendas. Y la pista del aeropuerto como una lengua que se acelera expulsando de sus entrañas las máquinas a reacción. A lo lejos los hangares y tantos recuerdos ya asentados, posos que reviven como cicatrices abiertas, flechas en el cuerpo de San Sebastián clavadas y sangrantes.

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Son poco más  de las once.Mañana cálida; Barcelona, medio vacía.En la línea uno del metro,  algunos noctámbulos echando un último sueño.Volví al mercado de Sant Antoni.  Pero no hubo suerte. Las huestes, imagino ya de vuelta,  habían dado cuenta de la presa. Poco después tuve mayor fortuna. Encontré un ejemplar de Canigó de Jacint Verdaguer, de 1901.  Estaba bastante lacerado pero no le faltaban páginas. Por apenas cinco euros no me pareció mala decisión adquirirlo. En mi biblioteca ya  disponía de un ejemplar actual, sin embargo los libros modernos no tienen la presencia de los antiguos. En el mismo puesto había un ejemplar del Marqués de Bradomín de los años cuarenta.Lo ojeé pero acabé devolviéndolo a su lugar. Unas tiendecillas después encontré toda una  colección de Austral y me hice  con un ejemplar de poemas de Juana de Ibarborou, de los años cuarenta,  editado en Argentina.

No fue una mañana desperdiciada, a pesar de que todavía había bastantes puestos vacíos. Pilar agradeció marcharnos antes de la una, no en vano había prometido cocinarle una paella.

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Vive uno en la permanente contradicción. Cuando estoy  escribiendo, deseo leer . Después, leyendo, deseo volver a escribir. 

Tras entretenerme unos días con un relato erótico, el proyecto Opus nigrum ha quedado momentáneamente relajado. Y aunque algunas ideas tengo, debo intentar esquematizarlas un poco para que tomen cuerpo. 

 A veces, cuando estoy enfadado o molesto, invento discusiones imaginarias con éste o aquél, discusiones que jamás se han producido y que muy probablemente jamás sucederán. Otras veces ni siguiera hace falta que esté enfadado. No sé porqué ocurre. Quizá debería utilizarlas en algún relato. Sería una forma de convertir lo manifiestamente inútil en algo que valga.

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El domingo, en el mercado de San Antonio, compré un par de libros y un folleto. La fortuna fue dispar, uno de ellos ya lo tenía. El folleto, de la isla de Tenerife, es un hallazgo de finales del siglo XIX.El otro libro, de André Maurois, lo compré después de ver su interior. Al abrirlo vi que alguien había pegado una foto del autor recortada de un periódico. Y unas hojas después había un par de artículos extraídos de otro periódico de los años cincuenta que pertenecían al propio escritor. Imaginar la historia de la propietaria del libro, porque seguro que era mujer, me hizo comprarlo. Camino a casa vimos un espectáculo repugnante, a alguien con aviesas intenciones se le había ocurrido envenenar a unas palomas que caían desplomadas de los árboles, reventando en su caída contra el suelo. Una ciudad cívica, sí señor. ¡Qué asco!

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¿Hemos pensado alguna vez a cuántas personas importan nuestras vidas? Probablemente a algunos familiares les importan, a menos amigos de los esperados y a algún vecino o conocido. Poco más. Nuestra vida, sumergida en la dimensión del marasmo del total de vidas, es sólo una insignificante tontería. Y aún así única. Una única tontería. De ahí nuestro fracaso personal. Lo razonable es que de nosotros quede el silencio. Quizá es un triste final, mas quien vivió anónimamente, anónimamente muere. Pero es peor aquél que pensó que su vida era universal y murió en lo más absoluta soledad. Eso sí es un fracaso.

Vuelvo a los diarios de Trapiello. En 1998 fue a dar una conferencia en el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria. Aprovecha el viaje también para acercarse a la isla de Tenerife. De su estancia allí no aparecen muy bien paradas las islas. De Vegueta dice que es triste, de la Laguna que hay cuatro casas que valgan la pena y que lo demás es Marbella. De Santa Cruz que es una ciudad fea. En la Orotava hay basura y las Canarias en general son un parque temático. Él mismo dice intentar liberarse de prejuicios para viajar. Cosa que hace finalizado el viaje, ya en la Orotava. Y como guinda dice que el único modo de ir a las Canarias es desterrado, como Unamuno. Aparte de estar muy mal criticar a quien te da de comer -cobró la conferencia de Las Palmas- me parece bastante prepotente criticar después de ver cuatro cosas. Sin conocer toda esa cantidad de pequeños pueblos con encanto que tienen las Canarias. En Gran Canaria: Agüimes, Gáldar, Telde, Arucas, Teror, etc... y en Tenerife: Icod de los Vinos, Puerto de la Cruz, Candelaria, Garachico, sin dejar de mencionar La Laguna y la Orotava. Y eso sin hablar de los parajes naturales de ambas islas: Tamadaba, el Andén Verde, las dunas de Maspalomas o el barranco de Guayadeque en Gran Canaria. Y el Teide y las Cañadas, Anaga o Teno en Tenerife. Claro que quien es incapaz de disfrutar y extasiarse con el silencio de las Cañadas es simplemente incapaz de escribir algo coherente sobre Canarias, que por cierto, ya descubrió con mayor fortuna Unamuno.

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Grata, muy grata ha sido la sorpresa al saber que me citan en la Wikipedia. Se trata de uno de sus artículos bajo el epígrafe “Batalla de Aguere” en el que aparece una cita de mi cuento La cordura del mencey loco que puede leerse en este mismo blog (mirando el apartado relatos). La cita textual es la siguiente:

La batalla de Aguere en la Literatura

Son muy escasas las referencias históricas sobre la batalla, pese a la esencial importancia de la misma para la configuración geopolítica de la España del siglo XV al XVIII y para todo el desarrollo de Canarias. Esta inexplicable ausencia, se nota igualmente en los relatos literarios, que apenas rozan su existencia. Además del ya citado Miguel de Unamuno.[12], apenas se encuentran otros relatos, aunque algunos son tan bellos como el escrito por Luis Vea García en el 2002, y uno de cuyos fragmentos se reproduce:

Beneharo plantó batalla al ejercito del español con armas de madera y piedras contra arcabuces y espadas de acero. Una nueva masacre se gestó en Aguere y los escasos efectivos guanches cercados entre peñas por el enemigo se arrojaron al vacío ante la impávida mirada de los españoles, incapaces de entender que para los guanches la rendición era poco menos que una segura esclavitud. Salvado por los accidentes geográficos pudo huir el rey de la masacre corriendo de risco en risco, de peña en peña, gritando el nombre de sus dioses - Achamán, Dios de la creación, y Guayota, Dios de los infiernos, y repitiendo sus nombres al unísono que el eco reiteraba sus palabras para acabar enviando su cuerpo a las frías aguas del Atlántico, océano que jamás logró navegar y que acogió sus restos con una leve flotación. Fue bautizado con el nombre de rey loco por que su voz todavía se repite de peña en peña y de risco en risco clamando justicia a sus dioses. Poco después de aquella derrota, que fue victoria para las tropas del Adelantado, mandó éste construir la ciudad de la Laguna que sería durante años la capital de la isla de Tenerife. Años después entre los nativos se contaba la historia de Beneharo, el rey loco, que tras ver arrojarse al vacío a los suyos siguió corriendo aclamando a sus dioses y que jamás pudo ser vencido por las tropas españolas. Por su parte, Fernández de Lugo completó la conquista y pudo presentarse ante los Reyes Católicos como el hombre que anexionó a la corona española las islas de Tenerife y La Palma. Los acantilados de Anaga permanecen todavía casi vírgenes, las carreteras no ahondan en sus entrañas de laurisilva, las playas son bravas y el aire sopla enloquecido lanzando mil veces el nombre de Beneharo y recordando al extranjero la derrota de Aguere. Desde los riscos de Anaga, los roques mar adentro y el mar nos sugieren la misma vista que debió contemplar el mencey antes de morir.[15] 

http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Aguere 

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Un año más, apenas a unas horas de concluir, unos empeñándose en inventar nuevas guerras, otros en ensanchar las diferencias en beneficio propio. Y no aprenderemos, no. Hasta el pobre Unamuno no puede vengar el oprobio que le dedican sus enemigos -los de siempre- ante su propia tumba. Y luego nos querrán dar lecciones de moral. ¿De qué moral?