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MADERA DE NÁUFRAGO. Blog de Luis Vea.

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Encontrar la mirada de alguien que has perdido en el rostro de otras personas.

Al final del camino todos nos encontraremos.

El día siguiente del referéndum de la Constitución Europea. Gana el sí. En Cataluña, País Vasco y Navarra el no alcanza el treinta por ciento. Dato a tener en cuenta. El porcentaje de votantes no llega al cincuenta por ciento. Por encima de todo, ¿puede alguién con sentido atribuirse legitimidad alguna de los resultados con semejante cifra de votos? Datos para reflexionar que se evitarán convenientemente desde el poder.

Para un concurso literario haciendo de jurado, compruebo con desazón el bajo nivel literario de los participantes, amén del bajo nivel ortográfico y gramatical de los escritos. Exceso de "yoísmo", desconocimiento de la diferencia entre literal y literario, vocabulario gastado por su uso, temática repetitiva...Literatura anquilosada y falta de originalidad. Se apercibe una peligrosa carencia de lecturas en estos escritores noveles.

Recibo llamada de mi editor para comunicarme el cierre de los derechos de autor del libro Nuevos narradores del relato en castellano. No espero ganar dinero, tan solo cubrir gastos. Me ofrece la posibilidad de actuar de agente literario para editoriales de mayor calado. Espero a recibir su propuesta -condiciones, honorarios- antes de tomar una decisión.De momento me mantengo escéptico.

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Algunas notas tomadas de días anteriores:

¿Por qué si el trabajo dignifica nos sentimos tan indignados cuando tenemos que ir a trabajar?

Obtener la lealtad de un gato tiene más importancia que obtener la lealtad de una persona.

A veces, que una persona piense es más peligroso que una persona haga, sobretodo en las instituciones cerradas.

Reducir la masculinidad a los centímetros de pene es igual que reducir la femineidad a la capacidad de procreación.

Cuantas más obligaciones contraigo menos libre me siento.

Dios es sólo un vestigio de la parte más ancestral y tribal de la Humanidad.

La miopía es la utopía de los cegatos.

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Mientras respirabas sobre mi cuerpo, tu costado tendido sobre mi vientre, escuchaba el lento latir de tu corazón y los ojos se te iban cerrando porque entre ambos juntábamos nuestros respectivas temperaturas y acabábamos con el frío gélido del exterior. Casi estaba dispuesto a abandonarte al calor de tu cama pero no me resistía a permanecer unos instantes más contigo. Tan breve se hace el espacio de tiempo que nos une... Entonces me cruzó una idea inquietante por la cabeza, qué haría sin tu cuerpo sobre el mío, cuando ya no te tuviese y ni tú a mí. Fue tan triste la certeza de que algún día ocurriría que preferí seguirte acariciando antes de alcanzar mi lecho. Y esos instantes que ahora describo... sé que llegará un momento en que los añore. Porque conforme pasa el tiempo la vida se convierte más en añoranza. Y a la vez que te deposito en la cama ya te añoro. Que duermas bien, Fido.

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Tengo un amor excesivo a los objetos. Quizá porque los objetos constituyen parte del recorrido vital de cada uno. Es decir, que tienen importancia debido a que han adquirido significado con el paso del tiempo. Y ese valor añadido, que normalmente llamamos valor sentimental, termina haciéndolos importantes. Casi indispensables. No puedo imaginarme verme desposeído de ellos.
Estos días he sentido un poco de pudor viendo esas fotos de los edificios del barrio del Carmel en Barcelona. Es como si estuviese colándome en casas ajenas, viendo una realidad que no me corresponde, contemplando los objetos más íntimos de personas que jamás me han invitado a pasar. Era desolador, ver tantos recuerdos arruinados, tantos instantes truncados por el fragor de una piqueta. No hay indemnización que valga, que pague esa destrucción. Creo que en su lugar me volvería loco. Quizás es porque sin mis libros y mis objetos dejo de ser yo mismo o porque en esos nuevos pisos, que algún día estrenarán, yo me sentiría un desterrado. Igual que cuando Unamuno fue enviado a Fuerteventura. Pero, al menos, él pudo conservar un par de libros y tenía la certeza de que algún día volvería. Esos pobres vecinos del Carmel jamás recuperarán esa certidumbre.