RESEÑADOS
Acabo de abrir un nuevo blog en donde colgaré todas las críticas y reseñas de libros. De este modo Madera de náufrago quedará dedicado casi en exclusiva a la creación literaria. Aquí dejo la dirección del nuevo blog RESEÑADOS:
Acabo de abrir un nuevo blog en donde colgaré todas las críticas y reseñas de libros. De este modo Madera de náufrago quedará dedicado casi en exclusiva a la creación literaria. Aquí dejo la dirección del nuevo blog RESEÑADOS:
La editorial Salto de Página ha tenido a bien publicar mi reseña a su libro La raíz rota de Arturo Barea que yo había publicado anteriormente en la página de Llegir en cas d´incendi. Puede consultarse en:
Siguiendo con mis colaboraciones con la página Llegir en cas d´incendi, ahí va la entrevista que hice a Francisco Palacios Chaves autor de Juan Cacho o un cacho de Juan:
http://llegirencasdincendi.blogspot.com/2009/07/entrevista-con-francisco-palacios.html
Llevo aproximadamente doce años viviendo en el mismo edificio, en la misma puerta, durmiendo en la misma cama, con la misma persona, comiendo en la misma mesa, visitando el mismo lavabo, duchándome en la misma ducha, mirando por el mismo balcón... Pues ahora acabo de enterarme que el lugar donde vivo no existe o, al menos, existe una duda razonable de que exista. De hecho hay una disquisición. Unos dicen que no existe, otros que sí. No sé si habrán llegado a las manos. Espero que no. Nunca me ha gustado que alguien discuta por mi culpa. Ni de pequeño. Parece que el que decía que no existe mi casa ha salido ganando. E, indirectamente, yo perdiendo. No porque tenga que vivir de ahora en adelante al raso ni porque al Ayuntamiento -Dios no lo quiera- se le ocurra expropiarme mi modesta casa. No. Al parecer un cartero ha decidido que mi casa no existe y devuelve automáticamente la correspondencia. Eso, aunque otros carteros y lo sé de buena tinta, le han dicho que sí existe. Esta mañana he ido a correos a enseñarles una guía de calles editada por el Ayuntamiento. Que una cosa es que te quedes sin correspondencia y otra muy diferente que te traten de mentiroso.
Si nos entregamos, el dulce veneno del recuerdo nos impide obrar con libertad.
Hundir la cabeza de nuevo en la ciénaga como si el tiempo no hubiera transcurrido.Postergar el trabajo literario, entre dolor, doblemente aciago. Esa cadena física que empieza a alterar mi equilibrio y agarrota los miembros, consume mi carácter y paciencia. Queda por corregir el último capítulo escrito, reescribir entre dolor. Me aletarga pensar en ello. Sólo imaginar las punzadas me agoto mentalmente y vuelvo a la indolencia que es la forma menos dolorosa de pasar y agotar el daño.
Para leer algunos de los libros que se editan actualmente no hace falta nada, ni siquiera interés. Algunos se leen en un continuo pasar de hojas en el que uno puede saltarse frases sin que el resultado final quede alterado. Para leer el libro de Fernando Clemot, Estancos del Chiado, uno debe preparar el espíritu, debe tener esa rara disposición que sólo poseen los que abren los libros para releer una línea o un párrafo. Porque la lectura de Estancos del Chiado debe ser una lectura pausada, línea a línea, palabra a palabra, degustando cada adjetivo tanto como cada verbo.
Es el lenguaje de Clemot un lenguaje depurado, que busca el término exacto pero, a la vez, que se deleita con las sonoridades, con las letras, con las palabras... Fernando es, evidentemente, un constructor de historias, un artesano del cuento. Perfecto conocedor de los tiempos en que se desarrollan las acciones, recorre las historias con la intensidad precisa procurando nunca defraudar, incluso cuando alguna vez se puede intuir el final del relato (Cazadores de ganado). No es extraño que con semejantes habilidades, Clemot haya ganado tantos premios.
El autor divide el libro en tres partes: Mitologías, El jardín de la memoria y Ocasos.
Son los que conforman la última parte, los cuentos cuya redacción es más sencilla, historias en las que el autor va tirando del hilo desde la anécdota hasta llevarnos a un inesperado desenlace. Son cuentos para leer de un tirón pero que dejan poso. El poso de la reflexión que invita a una posterior relectura. Y, sin embargo, hay una excepción. El primero que constituye esta serie, Levante , es un cuento que, en sí mismo, esconde el más terrible de los secretos. Un secreto al que el autor nos va llevando lentamente, iluminándonos el camino hasta mostrarnos el panorama en un final absolutamente desasosegante.
La primera parte, Mitologías, me remite a la redacción del mito que hacía Roland Barthes en Mitologías. Fernando Clemot convierte en personaje a Eça de Queiroz en un relato, Una dame sans merci, acercándose a los cuentos de Poe. Juega con la historia en el relato Orgullosamente apasionado , a veces con la capacidad de alterarla o de gestar una ucronía.
En la segunda parte, El jardín de la memoria, Fernando Clemot habla del recuerdo. Un recuerdo a veces cercano, El verano del cortapichas, Bautizos de primaveras pasadas. Otras veces el recuerdo nos remite a un lugar, a Lisboa, como el relato que da título al libro, Los estancos de Chiado. Incluso se atreve a investigar sobre su propio origen.¿Cuánto habrá de fantasía y cuánto de realidad en esa historia?. En definitiva, si la lectura pausada, si la lectura que deja poso, si la lectura de un libro que hace reflexionar les seduce, lean a Fernando Clemot. Lean Estancos del Chiado.
http://llegirencasdincendi.obolog.com/estancos-chiado-fernando-clemot-paralelo-sur-ediciones-287428
Lo peor de los conflictos es que te tomen la iniciativa. Una vez la tienes tú, los demás van a remolque.
Busca el equilibrio y, mientras lo encuentras, vive el desequilibrio.
En la negritud no hay nada. Buscar en ella es perder el tiempo.
Tanta obscuridad en la noche, tanta luz en el corazón.
Foto:Puesta de sol en Punta Hidalgo (Tenerife) Autora: Pilar Ibáñez.
¿Dónde buscar la inspiración a la hora de escribir un cuento? ¿Acaso en lo insólito, en lo fantástico, en lo más recóndito de la imaginación? ¿Porqué no fijarnos también, de vez en cuando, en lo cotidiano, en lo rutinario, en eso que le pasa a la gente todos los días? Nos sorprendería saber cuantos de estos hechos pueden dar lugar a una buena historia. Pero aún estamos a tiempo: Luis Vea García puede enseñárnoslo a través de Cotidianos, su libro de relatos que hoy nos ocupa.
Cotidianos, como antes apuntábamos, no es otra cosa que un excelente libro de cuentos de extensión variable cada uno de ellos, compuesto por un total de veinte piezas que se distribuyen en seis apartados: sexo, trabajo, parejas, ayer, enfermedad y además. Aunque el libro podría estar dividido en otras secciones igualmente válidas, o no estar segmentado de ninguna manera, explica el autor en la breve introducción que precede a estos cuentos (y que, de paso, nos acerca más al escritor de este volumen) la idoneidad, según su criterio y el momento de la publicación, de presentar así su obra.
Hablar de estas secciones tal y como nos las presenta el autor, enumerar los cuentos que componen cada una de ellas, no es algo que creo que deba hacer yo en este momento. ¿Por qué?, os preguntaréis. Es bien sencillo: si yo así lo hiciera le quitaría toda la emoción al asunto, desvelaría todo el misterio. Así que con vuestro permiso, y con el del autor, os diré que en los mundos cotidianos que Luis Vea García nos presenta en este libro hay cabida para el recuerdo y/o la nostalgia (“Mar de recuerdos”, “Banda sonora para una película”, “Recuerdos en fuga de París”); los primeros y más tiernos amores platónicos (“La hija del feriante”); los encuentros más inesperados (“Tránsito de un libro a una mujer”, “La espera”), que a veces tienen un final feliz (“Como decía Shere Hite”); los desencuentros por desgracia irremediables (“Redención”, “Cruce de caminos”, “Aria de soledad”), las leyendas urbanas (“La chica de la peli”), que muchos nos aseguran haber vivido en sus propias carnes; esos sueños que se pueden hacer realidad (“Levando anclas”) y aquellos que no acaban tan bien para los que los protagonizan (“El mar lamía los pies”, “El maletín del barrendero”); las más grandes soledades (“Obligada soledad”); ese toque de locura que todos llevamos dentro (“Zzz (autorretrato cotidiano)”, “Nicotina”), que pueden acabar convirtiéndose en las obsesiones (“Anhelo reiterado entre sábanas”), y éstas, finalmente, pueden llevar a aquellos que las padecen a cometer actos terribles (“Hombres”, “Sólo rumano”).
Veréis, por tanto, que los temas tratados en este libro son tan variados como interesantes, tan clasificables como todo lo contrario, tan rutinarios como fuera de lo común. Y es que, a fin de cuentas, hay tantas situaciones cotidianas como personas hay en el mundo. ¿A qué no lo habías pensado antes?
En definitiva, con una prosa sencilla, sin pretensiones, clara y honesta, gracias al predominio de los narradores en primera persona que nos hacen pensar en que lo autobiográfico se cuela más de una vez por estas páginas, y a través de unas historias cargadas de significado, Luis Vea García nos ayuda a descubrir que el mundo de lo cotidiano, eso que a veces pareciera no tener importancia por rutinario y monótono, está lleno de situaciones que a ojos de muchos, en realidad, son simplemente extraordinarias. Porque, insisto, lo que es cotidiano para unos es todo un hallazgo para otros. ¿O es que acaso existe lo cotidiano, como término global? Y, en todo caso, ¿no sería bueno, de vez en cuando, tal y como Luis Vea García nos invita a hacer, pararnos a pensar en todas esas cosas que pasan normalmente a nuestro alrededor? Quizá nos estemos perdiendo algo y no lo sepamos aún.
Aunque muchos piensen que lo que nos pasa en el día a día, lo rutinario de nuestras vidas, no pueda interesar a nadie, queda demostrado gracias a un excelente libro de relatos como Cotidianos que todo aquello que para muchos pasa desapercibido merece ser contado, puesto de manifiesto. Sé que vosotros también lo veréis así, tan sólo tenéis que animaros a adentraros en las páginas de este libro.
Cristina Monteoliva
http://www.labibliotecaimaginaria.es/page10.php
-¿Cuándo empezaste a escribir?
La poesía hoy sólo tiene versos de lágrimas.
Hay días en que me arrancaría el cuello de dolor, ese dolor físico que me anula y que rivaliza con el dolor que produce el ninguneo. Más hacia adentro, más sobre mi interior, me impulsa al aislamiento, ese que tanto desprecio produjo a Unamuno en un primer momento cuando escribió Tulio Montalbán y Julio Macedo. Aislamiento en positivo para mí, instrospección para continuar con Itinerarios. Cerrar los ojos unos instantes e imaginar que se calma el dolor, todos los dolores. Todos.
Puede escucharse la entrevista que me hicieron en Radio Cornellá el pasado 6 de mayo entrando en el siguiente enlace(al final del programa):
http://rapidshare.com/files/230141036/LECDI_06.05.09.mp3
6 de mayo, dentro del programa Llegir en Cas d´incendi de Radio Cornellà que se emite entre las 11 y las 12 de la noche (104,6 FM), exactamente a las 11.30 seré entrevistado. Tiempo para hablar de libros, de Cotidianos, de autores y de cultura.