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LO QUE CONMUEVE
Es justo mencionar lo que evoca, lo que emociona, lo que conmueve:
Cuando la espera crece,
abrimos la ventana y la puerta,
corremos al menor ruido,
miramos hacia arriba y hacia abajo
y nos precipitamos al oír unos pasos.
Todo esto sabemos que es inútil,
que no ha de llegar antes la amada,
que ella viene lentamente, callada y libre,
hacia nosotros,
sin saber como está latiendo el corazón.
Y no le importa la infinita demora,
la larga sucesión de pensamientos,
ni las pequeñas cosas que hacemos en la espera.
Y es bueno que así sea
para que su llegada como un alba aparezca
y toda la contenida lucha
de la pasión y el tiempo
se rompa a la primera mirada de amor.
Dudoso es el tiempo de esperar
porque no pasa y nos encadena, ahogándonos.
Luego, ella entra despacio, sencilla y clara,
diciendo si esperamos
y decimos que no
porque ya nada importa.
Fragmento V, Los amantes, en Unas cosas y otras de Carlos Pinto Grote, Ed. Baile del Sol, 2009.
LA CASA NATAL

La casa que recuerdas olía a nada
y a memoria quieta.
De la mía aún percibo el aroma del jazmín
y la celinda blanca.
(también había un árbol de trompetas silenciosas,
que escondía las raíces bajo el tablero
de ajedrez del suelo)
Por los ojos de tu casa
se escapaba el último ruido de la vida.
En la mía, pura ventana abierta al sol
y a la albahaca,
penetraba el gorjeo de los pájaros
y el sonido de una copla que cantaban en el patio.
Tú prefieres beber, heladas e incoloras,
miradas en un vaso de ginebra…
Yo, aunque se me escapó la vida por el vientre,
nunca me quedaré a escuchar el aullido inánime del
aire.
Hace tiempo que espero ver la brisa
detenida suavemente en mi cabello.
También el aire puede, a veces,
susurrarnos palabras de esperanzas
al oído…
Inma Arrabal, Sura , Ediciones Torremozas 2001.
AGOSTO

Como una ronca ráfaga de azafrán y luciérnagas
era la vida. Al fondo,las guitarras
espesaban la tarde, y en las sombras
abrían caminos por los que iba el sueño
sin querer llegar nunca...
Se adentraba la sangre por densos corredores,
una ardiente marea devoraba el contorno,
y los frutos vecinos, ya entera luz, ardían.
Amapolas salvajes derretían su lacre
al sol, sobre fosforescentes tierras sin dueño,
y un silencio colgado cegaba el horizonte.
Al fondo de los pozos el calor destellaba
como una piel de toro tatuada de tréboles.
Una mano posaba su pulpa bermellón
por los turbios refugios donde el amor hervía
mientras la luz de pólvora fermentaba en las costas.
Amar era partir el mar con una espada,
sentirlo de repente golpeando la boca
mientras iba la vida recorriendo sembrados
y a más amor en vuelo más violencia crecía.
Fábulas de octubre (1966) de Luis Feria.
Foto: Carlos Pascual (El País)
DE HOY MÁS
De la terraza vemosla tarde el mar
azul echado
extendido sin límites
bajo la luz de abril
Juntos miramos
el patio aún en calma
los jacarandas florecidos
el bando alto de palomas
que sobrevuela el mar
la tarde el tiempo
el resto de los días
tendido ante nosotros
Límites (1995), Miguel Martinón
ANTE UNA CASA EN RUINAS

Aquí latió la sangre y se fue trasvasando.
Día a día ardió el sueño como hoguera secreta.
Dolor o gozo antaño a veces abrevaron
criaturas ya perdidas en la muerte o las leguas.
Alguna, en este instante, de seguro el abrigo
de este nidal vejado conmovida recuerda,
y echa a andar de repente su memoria a la busca
de un tiempo generoso de las horas risueñas.
(Entra un pájaro oscuro por la cuenca vacía
de la ventana. Cae, repentina, una piedra
sobre la tarde. Pasa su tenue mano el viento
por el vello erizado del lomo de la puerta.)
Mas no hallará siquiera un rastro evanescente
esa sombra anhelosa que aquí acaso ahora llega.
La dicha se deshace más pronto que las cosas
y de sus ascuas queda solamente la ausencia.
Manuel González Sosa
Tránsito a tientas (2002)
LLAMARME GUANCHE
Llamarme guanche.Hijo de los volcanes y las lavas.
Llevar la frente alta.
Tener el corazón hecho de libertades.
Llamarme guanche, nada más.
Mi patria: un negro malpaís;
mi flor: una retama.
Beber agua de una fuente,
descansar bajo un pino,
tener la mar que me separa
de todo aquello que no quiero
y que me ata.
Llamarme guanche.
Labrar puntas de lanza,
darle vueltas al barro
y que el gánigo nazca.
Caminar sin caminos,
subir a la montaña,
mirar entre las nubes.
San Borondón lejana...
Tallar con la tabona
en una añepa larga.
En cada beñesmén
recoger de la tierra
yrichen, yayo, tano,
beber ahof de hara.
Dar gracias a Achamán.
Labrar una obsidiana
para mirar mi rostro
de hombre libre
cuando nace Magec, cada mañana.
Llamarme guanche.
Enterrar a mis muertos en paz.
No saber nada.
Que el mundo se limite
al norte en un volcán;
alrededor de la playa.
Llamarme guanche.
Hundir a los navíos y a las barcas
que abrieron en la mar
caminos a la Isla,
para robar su calma...
Estarme solo.
Ésta es mi tierra humilde,
ésta es mi humilde patria.
Tener el corazón hecho de libertades.
Llevar la frente alta.
Llamarme
guanche,
hijo
de los volcanes
y de las lavas.
Carlos Pinto Grote en Los mejores poemas de Ayer y de Hoy, varios autores.
LAJAS DE CASA CAMINADA

Te habitamos a veces
Y entonces somos pasos
Fugaces dentro de una canción.
En las vigilias del inquieto sueño
De nuevo nos arropa
La trapera de estrellas.
Eugenio Padorno, Cuaderno de apuntes y esbozos poéticos del destemplado Palinuro Atlántico (2005)
CONTINUIDAD

Nació de un retrato de nieblaOlas inconfesables alumbraron esa voracidad.Los fundamentos del día pasaron a la sangreLas ciudades se quedaron blancasVelaron las mitades de un mismo cuerpo en ataúdes distintos. )Rodrigo Verdugo Pizarro PLEGARIA

Oh Cristo de Tacoronte,
desclavado del madero,
que estás clavando tus ojos
en los míos, tan adentro.
Oh Cristo de Tacoronte
que hoy alumbras mi sendero:
faro de eternas verdades
sobre mis mares inciertos.
Todo llegado, a tus plantas
con humildad me prosterno,
implorando tu perdón,
tu bálsamo y tu consuelo.
Cómo quisiera fundirme,
deshacerme, todo entero,
en los brazos luminosos
de tu sagrado madero.(...)
Cristo de Tacoronte de Emeterio Gutiérrez Albelo (1904-1969)
LAS IMÁGENES DE LA INFAMIA

El primer cuerpo levantado en la fosa de desaparecidos de la Guerra Civil en Fuencaliente fue el último que cayó acribillado
Esther R. Medina
Fuencaliente (La Palma)
Canarias 7
En el Lomo de La Faya, en el pinar de Fuencaliente, reina una paz inquietante. Los restos de los palmeros ejecutados vilmente por la represión franquista conforman una imagen dantesca. Ayer se levantó el primer cuerpo que localizaron los familiares y que fue el último en caer acribillado.Son cadáveres que parecen clamar justicia, que gritan a voces que por fin se ha descubierto la infamia. Tienen las cuencas oculares llenas de tierra y expresiones de un terror extremo. La muerte les llegó a edad temprana por defender un gobierno legalmente establecido. No cometieron ningún delito, pero fueron apresados y ejecutados sin compasión por los represores de la dictadura franquista, individuos ebrios de rencor que no les temblaba en pulso a la hora de apretar el gatillo. De nada sirvió que los represaliados expresaran su inocencia. Un disparo en la cabeza y unas espuertas de tierra sepultaron para siempre sus ilusiones y las de sus familias.El equipo de arqueólogos que trabaja en las labores de desenterramiento de la fosa común del Lomo de la Faya, en el pinar de Fuencaliente, han dejado al descubierto las huellas de una etapa dolorosa y negra de la historia de España en general y de La Palma en particular. 70 años después, las heridas no están cerradas. Los familiares quieren que sus muertos salgan a la luz y que se muestre este episodio cruel para que no vuelva a repetirse. No están dispuestos a olvidar. A los seres queridos nunca se les olvida y si murieron de forma cruel -como es el caso- hay que recuperar su memoria.
En la fosa del Lomo de la Faya, situada en una pendiente arenosa y rodeada de pinos y viñedos, han aparecido, de momento, seis cuerpos, pero las búsqueda de restos continúa. Los cadáveres acribillados y hacinados evidencian que se empleó contra ellos una brutalidad atroz, irracional.
EL CABALLO DEL GENERAL
GABRIEL Cardona
Exmilitar e historiador
Hasta ayer hubo una estatua ecuestre de Franco en la Academia General Militar de Zaragoza. Era un bronce enorme, colocado sobre un aparatoso pedestal de piedra, y levantado en el sitio más honroso del centro. Por si fuera poco, las calles y patios del lugar, en su día, fueron dedicados a personajes de la misma cuerda, entre ellos Martínez Anido, organizador del terrorismo patronal en la Barcelona de los años 20.
El general y su caballo estaban situados en la gran avenida por donde se celebran los desfiles. Durante muchos años, cada vez que una personalidad ha visitado la academia, la tribuna se ha situado bajo el monumento, de modo que el personaje y sus acompañantes quedaban a los pies del caballo del dictador. Y, desde allí, presenciaban el brioso paso de los aspirantes a militar, que, al llegar a la tribuna, volvían la cabeza, según manda el reglamento. De esta manera, nadie podía asegurar si le rendían honores al ilustre, a Franco, o a su caballo.
EN PLENA democracia, numerosos dignatarios españoles y extranjeros han soportado semejante escarnio, hasta que, hace poco, esta práctica vergonzosa finalizó cuando se decidió instalar la tribuna en otro lugar. Por fin, el caballo y su jinete emprendieron un viaje hacia el museo. Menos mal, porque era costumbre que, cuando el dictador y su montura abandonaban una plaza, fueran reinstalados en el patio de un cuartel. Así sucedió en Valencia, donde el hecho de quitar la estatua de la plaza provocó ocho meses de batallas con la derecha local, hasta que llevaron la escultura a la capitanía general. De modo que, poco después de que Milans del Bosch abandonara el edificio, se instalaron Franco y su caballo. Algo parecido sucedió, también, en El Ferrol. Como si los cuarteles, en lugar de servir de alojamiento para las tropas --que pagamos todos-- debieran dedicarse a conservar las esencias y símbolos del franquismo.Posiblemente, el bronce ecuestre de Zaragoza criará polvo en algún almacén municipal.
A pesar de todo, como la mala baba no hace vacaciones ni en agosto, la cosa ha dado lugar a las protestas de la derecha, que argumenta que el Gobierno pretende hacer desaparecer la historia, y que la estatua de Franco estaba en la academia porque él había sido su fundador. Esa protestona derecha nuestra, o mejor suya, nunca es capaz de distinguir la línea que separa el conservadurismo y el fascismo. Y, además, no se entera de las cosas. La Academia General de Zaragoza no fue fundada por Franco, sino a finales del siglo XIX, cuando nuestro hombre, o mejor suyo, todavía no había nacido. Y, de las tres épocas en que funcionó dicha academia, el general únicamente fue director en una, que duró tres años. Por cierto, teniendo como jefe de estudios al coronel Campins, sin que nadie se haya acordado de ponerle estatuas.
Hace más de medio siglo que las estatuas de Mussolini y Hitler desaparecieron de las calles de Italia y Alemania, donde hoy es imposible encontrar símbolos fascistas con reconocimiento oficial. En cambio, Franco, que fue su compañero de viaje, ha mantenido monumentos y referencias en nuestro país durante los 30 años que llevamos de democracia. Incluso en Barcelona, sin ir más lejos.
Si tal permanencia simbólica parece incoherente, la exhibición de la estatua en la Academia General empezaba a resultar peligrosa. Las escuelas militares de todo el mundo, por encima de los conocimientos técnicos que proporcionan, configuran una mentalidad profesional, el llamado espíritu militar, que aquí se confundió con la ideología franquista, que era otra cosa. Es tan alta la tensión emocional que reciben los cadetes, que muchos militares conservan durante toda la vida la mayor parte de códigos morales y referencias sentimentales recibidos en la academia. Y esta cuestión se presta a unas cuantas consideraciones.
La principal virtud de los ejércitos es la disciplina. En 1931, Franco firmó un documento comprometiéndose, por su honor, a "obedecer a la República y defenderla con las armas". En 1936, se sublevó contra el Gobierno elegido democráticamente seis meses antes. Su ejemplo solo puede servir para formar oficiales en una república bananera.
España no es una dictadura militar, sino una democracia, y la situación del mundo y las misiones de nuestros militares son muy distintas a las de hace medio siglo. La legitimidad de las Fuerzas Armadas es consecuencia de la Constitución de 1978, no de Franco, los tercios de Flandes o los Reyes Católicos.
LOS MILITARES españoles no se dedican hoy a hacer la guerra, ni a salvar la patria, sino a defender la paz bajo la honrosa bandera de las Naciones Unidas. Si van a exponer su vida para defender la paz en todo el mundo, no pueden educarse a los pies del caballo de Franco, quien provocó una guerra civil y fusiló a unas 50.000 personas después de que esta finalizara. Educar a los futuros militares bajo esa estatua resultaba tan incoherente como formar cirujanos bajo una foto de Jack el Destripador.
Noticia publicada en la página 7 de la edición de 25/8/2006 de El Periódico -
NOS DIJERON

En memoria de un tiempo adolescente y a un amigo recuperado.
Nos dijeron
que no éramos de aquí,
que éramos viajeros,
gente de paso,
huéspedes de la tierra,
camino de las nubes.
Rafael Alberti
Y añadieron,
no pueden quedarse aquí,
son de otros derroteros,
emigrantes "panuro"
que atraviesan la frontera,
que amargos caminos llevan.
¿Y murieron?
sabemos que no es así,
pues miramos nuestras manos;
éstas son nuestro seso,
éstas son nuestra vida.
Y el país está lleno, ¿no nos ves?
Manuel Carrillo
75 aniversario de la II República (1931-2006)

A petición popular...
HISTORIA DE LA TRICOLOR: UNA BANDERA DEL PUEBLO
Por Margarita Márquez Padorno
La historia de la bandera tricolor responde a un sentimiento esencialmente popular. Heredada a través de una decisión fugaz en el trienio liberal sobre el espíritu comunero castellano, la voluntad del pueblo fue la encargada de llevarla a los mástiles oficiales de la II República en un arranque improvisado de diferenciar al nuevo régimen que comenzaba tras las votaciones del 12 de abril en sus símbolos más necesarios.
La unión del rojo, el amarillo y el morado en tres franjas de igual tamaño se hace oficial en el decreto de 27 de abril de 1931 y es refrendada con la elevación a artículo en la Constitución Republicana de 9 de diciembre de ese mismo año. En dicho decreto se aclara la inclusión del color castellano a los tradicionales catalano-aragoneses: "Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España".
Para averiguar los orígenes de esta nueva enseña, hemos de remontarnos a 1829. En ese año el General Riego tras "reproclamar" la constitución de Cádiz en Cabezas de San Juan provoca durante un breve lapso de tiempo - apenas tres años- la apertura liberal del gobierno de Fernando VII. Durante este periodo se funda la Milicia Nacional a la que se le asignan banderas moradas con el escudo de Castilla y León. Poco duró dicha divisa pues ese mismo año es sustituida por otra rojigualda con el lema Constitución en su franja central.
En 1823 el regreso de Fernando VII al Absolutismo acabaría también con la propia Milicia Nacional. En 1843 bajo el reinado de Isabel II se decretó por primera vez, el 13 de octubre, la unificación de la bandera de España. En dicho decreto regulador se permite a los regimientos que antes tuvieran banderas moradas el uso de tres corbatas (corbatas son los cordones que cuelgan de los extremos superiores de las banderas) con los colores rojo, amarillo y morada. Es éste el verdadero antecedente de la actual tricolor.
Tras el destierro de Isabel II, el Gobierno Provisional cambia el escudo monárquico sustituyendo en él a la corona real por la mural y añade las columnas de Hércules. Ambos símbolos los heredará el escudo que adorne la bandera tricolor en la Segunda República. El breve reinado de Amadeo I de Saboya concluyó con la proclamación de la Primera República. La bandera proyectada durante este régimen emulaba los colores revolucionarios de Francia: el rojo, el blanco y el azul. Modificación que no se llevó a cabo por su corta duración y, con la restauración Canovista, la bandera recupera sus elementos de 1843.
Es en esta etapa (1875-1930) cuando el Partido Federal adopta los colores de la Milicia Nacional de 1820 como símbolo de la facción antidinástica y rechazo al sistema establecido. Comienza a verse la bandera tricolor en casinos, periódicos y centros de adscripción republicana. Y es tal el fuerte vínculo de estos colores con la idea de República, de cambio y de progreso, durante los reinados de Alfonso XII, Alfonso XIII, la regencia de María Cristina y las Dictaduras de Primo de rivera y Berenguer, que, en un arranque de espontaneidad, una vez conocidos los primeros resultados de las votaciones del 12 de abril de 1931, especialmente en Madrid el pueblo se echó a la calle portando insignias, escarapelas y banderas con los tres colores de la República. El decreto y el artículo mencionados al comienzo de este pequeño relato no fueron más que el refrendo oficial a un sentir popular. La bandera, hija del pueblo español ondeó desde abril 1931 en los mástiles oficiales, en el ejército y en nuestras embajadas y consulados por todo el mundo. Para ella se adaptó el escudo que en 1868 eligió el Gobierno Provisional: cuartelado de Castilla, León, Aragón y Navarra con la Granada en punta, timbrado por corona mural y entre las dos columnas de Hércules. Como novedad destaca su menor tamaños -1 m x 1 m -, la misma medida para las tres franjas y los flecos dorados en el contorno de las pertenecientes al ejército.
Poco tiempo ondeó libre esta bandera: días después del 18 de julio de 1936 fue sustituida por otras divisas y apenas sobrevivió ahogada en la contienda. En el bando leal las milicias prefirieron casi siempre banderas rojas o rojinegras adornadas con emblemas partidistas: hoces y martillos, puños cerrados y otros símbolos que arrinconaron también al escudo oficial. A pesar de que gracias a la creación del ejército popular volvió a reglamentarse como única la tricolor, en la práctica, la proliferación de banderas propias por parte de las distintas unidades hizo que no hubiera nunca más una enseña oficial.
El bando rebelde tuvo en sus inicios a la tricolor como bandera, pero a partir de agosto se restablecía la rojigualda anterior a 1931. El no disponer de banderas propias y tener que cubrir improvisadamente de rojo la franja morada (cosida o pintada) dio lugar a curiosas insignias rojigualdas con franjas de la misma anchura y escudo republicano en su centro. En febrero de 1938 se cambió el escudo por el de los "Reyes Católicos" que no era otro que el republicano con la corona real y sobre el pecho del águila negra de San Juan.
Herencia de Castilla, de los seguidores de Riego, del trienio federal y los liberales y, sobre todo, del sentimiento del pueblo español, la bandera tricolor pesa más en los corazones que en la historia. La fidelidad a ella ha sido y es un símbolo de fe y de esperanza hacia un futuro más utópico que real. Sin tiempo para consolidarse como símbolo de un estado, sus colores acogen a un pueblo que se quedó sin patria y sin referencias cuando ahogaron, junto al morado de su tercera franja el progreso, la igualdad y las libertades que representaban.
www.izqrepublicana.es/documentacion/bandera.htm
CANARIAS
La patria es una peña, la patria es una roca,
la patria es una fuente,
la patria es una senda y una choza.
Mi patria no es el mundo,
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra.
A veces por el mundo
con mi dolor a solas
recuerdo de mi patria
las rosadas, espléndidas auroras.
A veces con delicia
mi corazón evoca,
mi almendro de la Infancia,
de mi patria las peñas y las rocas.
Y olvido muchas veces
del mundo las zozobras,
pensando de las islas
en los montes, las playas y las olas.
A mí no me entusiasman
ridçículas utopias,
ni hazañas infecundas
de la razón afrenta, y de la Historia.
Ni en los Estados pienso
que duran breves horas,
cual duran en la vida
de los mortales las mezquinas obras.
A mí no me conmueven
inútiles memorias,
de pueblos que pasaron
en épocas sangrientas y remotas.
La sangre de mis venas,
a mí no se me importa
que venga del Egipto
o de las razas célticas y godas.
Mi espíritu es isleño
como las patrias rocas
y vivirá cual ellas
hasta que el mar anegue aquellas costas.
La patria es una fuente
la patria es una roca
la patria es una cumbre
la patria es una senda y una choza.
La patria es el espíritu,
la patria es la memoria,
la patria es una cuna,
la patria es una ermita y una fosa.
Mi espíritu es isleño
como las patrias costas
donde la mar se estrella
en espumas rompiéndose y en notas.
Mi patria es una isla,
mi patria es una roca
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora.
Nicolás Estévanez Murphy (Las Palmas de Gran Canaria,1838-París,1914) Canarias, canto VII
BETANCURIA
No me resisto a colgar en este Cuaderno de Bitácora el presente soneto que Miguel de Unamuno escribió estando desterrado en la isla de Fuerteventura por la Dictadura de Primo de Rivera en 1924 y que dedicó a la población de Betancuria.Betancuria
Enjalbegada tumba es Betancuria,
donde la vida como acaba empieza,
tránsito lento a que el mortal se aveza
lejos del tiempo y de su cruel injuria.
Se oye en esta barranca la canturia
de la resignación en la pobreza,
la majorera -blancas tocas- reza
entre ruinas, soledad, penuria...
Desnuda la montaña en que el camello
buscando entre las piedras flor de aulaga
marca en el cielo su abatido cuello;
mas de la tierra en la sediente llaga
pone el geranio con su flor el sello
de la mujer que muestra pena apaga.
Miguel de Unamuno
De Fuerteventura a París














































































