DIARIO

Son poco más de las once.Mañana cálida; Barcelona, medio vacía.En la línea uno del metro, algunos noctámbulos echando un último sueño.Siguiendo los pasos de J.C.Cataño volví al mercado de Sant Antoni. Pasé por el lugar donde suele cazar. Pero no hubo suerte. Las huestes, imagino ya de vuelta, habían dado cuenta de la presa. Poco después tuve mayor fortuna. Encontré un ejemplar de Canigó de Jacint Verdaguer, de 1901. Estaba bastante lacerado pero no le faltaban páginas. Por apenas cinco euros no me pareció mala decisión adquirirlo. En mi biblioteca ya disponía de un ejemplar actual, sin embargo los libros modernos no tienen la presencia de los antiguos. En el mismo puesto había un ejemplar del Marqués de Bradomín de los años cuarenta.Lo ojeé pero acabé devolviéndolo a su lugar. Unas tiendecillas después encontré toda una colección de Austral y me hice con un ejemplar de poemas de Juana de Ibarborou, de los años cuarenta, editado en Argentina.
No fue una mañana desperdiciada, a pesar de que todavía había bastantes puestos vacíos. Pilar agradeció marcharnos antes de la una, no en vano había prometido cocinarle una paella.
Comentarios » Ir a formulario
![]()
Autor: joselu
Fecha: 23/09/2007 21:43.










































































