ANÉCDOTA
¿Cuánto tardará la noche en expulsarnos de su obscuridad?
Acabo de recibir los primeros ejemplares de Hachazo de metrónomo. Puedo decir que ya es una realidad este poemario. Se inicia la carrera.
Fotografía: Pilar Ibáñez
Ingratitudes diarias a las que uno se empieza a acostumbrar. En la de hoy no he llegado a esbozar siquiera una mueca y eso es mala señal. No tanto por la ingrata y la ingratitud sino por la sensación de repetición y dejà vu.
Nada es neutro.
Blogs sin actualizar que son como cuadernos de hojas muertas.
Aquí, en una esquina del mundo.
Y te hacen insensible al silencio.
Pasar el día como las páginas de un calendario.
El próximo dia 16 de abril, sábado,con motivo de la festividad de Sant Jordi -que este año se sitúa dentro de la Semana Santa- estaré firmando ejemplares de Cotidianos en la Plaza Orfila de Barcelona entre las 12.00 y las 14.00 horas.
¡Si os queréis acercar nos vemos allí!
No sé si podré disponer ya de Hachazo de metrónomo.
Cuelgo aquí mi intervención en la Mesa de Vilapoética con el tema Poesía. Qué es y para qué.
Escribir poesía.
Escribir es un diálogo con uno mismo, pero también con el mundo y a pesar de que habitualmente el poeta no se dirige a ningún lector en concreto y su palabra es, en sí misma, retórica, pues no necesita respuesta; al mismo tiempo un texto poético contiene básicamente un mensaje, una comunicación, por lo que no tiene sentido si no hay un lector que se lo apropie, que lo haga suyo, lo interprete, lo descifre, lo decodifique. En caso contrario nos encontraríamos con una paradoja del texto nunca leído tan extraño como el del texto voluntariamente nunca escrito. Algo así como un Bartleby poético, con permiso de Melville. El mensaje del poeta puede partir de la màxima nosce te ipsum para convertirse en mensaje universal. Una poesía que no contiene universalidad difícilmente será poesía, aunque esa universalidad provenga de un texto íntimo o muy personal. Entendemos pues esa universalidad como algo alcanzable por todos. Tradicionalmente en poesía se habla de los temas universales: el amor, la pérdida, el carpe diem, el ubi sunt, etc... De ahí que el código poético, a pesar de ser código, debe contener las claves para entenderse. Resumiendo, diría que la poesía contiene una palabra que proviene de la parte más profunda de uno mismo pero que tiene un propósito de ser entendida por cualquier lector.
Por qué, para qué.
En la pregunta por qué se escribe poesía o para qué subyace un concepto utilitarista de las cosas que no es siempre el más apropiado y que, en el caso de la poesía, no acepto. Ya en el Renacimiento los mecenas como los Medici facilitaban los medios para la creación artística por el puro goce de luego admirarlas, de ver el resultado de la creación. Entonces, ¿para qué sirve la poesía? Para algunos quizás para nada. Para otros nos parecería el mundo bastante peor sin ella. Bastante lo devastamos cada día. La poesía es una excusa para la evasión, para la contemplación de la belleza, para el goce pero también es un medio de lucha como la poesía social de los años 50. Cito los ejemplos de Blas de Otero o Gabriel Celaya. Pero hay más autores que van desde Neruda hasta César Vallejo.
Recordemos: La poesía es un arma cargada de futuro. Me gustaría leer un pequeño fragmento de este mismo poema de Celaya.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
Infravaloración. Elitismo.
La infravaloración o el alejamiento de la poesía, como de la literatura culta, es debida a la incomprensión básicamente. Hay un porcentaje de la población lectora que no ha tenido un acercamiento positivo hacia este género. Con la poesía probablemente ocurre como con la ópera. Seguramente el conocimiento musical como el poético de la población no es el más adecuado. Por ello hay que acercar la poesía. ¿Cómo? Quizá desacralizándola, desvistiéndola de micrófono y atril. Quizá leyéndola en lugares menos habituales, desde la calle hasta los bares. Cierto que el lector de poesía siempre preferirá la lectura silenciosa. Igualmente en Madrid está funcionando bastante bien un circuito poético a través de bares o bares-librería. Aquí en Barcelona incipientemente está empezando a funcionar. También desearía hacer hincapié en la existencia de otras formas de poesía que van desde las performances, la polipoesía, la poesía visual, etc... Y hablando de desacralizar también desearía abundar en otro tema colindante. Tengo la impresión de que a veces el lector incipiente de poesía no ha avanzado en el tiempo como fuera deseable. En su adolescencia probablemente leyó mucho romanticismo, mucho Bécquer. Y luego, en la escuela y el instituto, leyó, seguramente por obligación, a Machado, a Lorca y a Miguel Hernández. Probablemente la potencia poética de estos autores hizo que muchos de esos incipientes lectores de poesía se quedaran muy impregnados de sus palabras y estilos. Por otro lado, al menos cuando yo estudiaba bachillerato, el libro de literatura siempre acababa en los cincuenta. Si me apuran en los Novísimos (Vázquez Montalbán,Martínez Sarrión,Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix,Leopoldo María Panero, Ana María Moix, etc) de ahí que el lector haya tenido que recorrer dificultosamente el camino desde esos 70 hasta la actualidad, tarea ardua incluso para los que nos gusta la poesía. Imaginen por tanto el esfuerzo de alguien que se acerca con cierta prudencia. Quizá habría que tender más puentes desde la enseñanza hasta la literatura actual. Me consta que existen experiencias porque conozco a poetas que colaboran con institutos precisamente para esto.
Otros géneros.
El poeta es básicamente un escritor. Recordemos las palabras de Pessoa. El poeta es un gran fingidor. Y como tal puede adaptarse fácilmente a otros géneros lindantes como el relato con el que comparte la brevedad y el lenguaje poético. Sólo hace falta cambiar de técnicas.
Mierda por tu boca aunque parece que sean palabras.
Tarde o temprano el pasado acaba deviniendo presente.
Si algo hiciste y has olvidado siempre está el pasado para recordártelo.
Uno no deja de reproducir el mismo cliché en todos los ámbitos de la vida.
Tras leer, leer y leer encuentra uno a algunos eximios con una prosa atrofiada y pedante.
Azul mar asesino,
gris dia roto,
negra noche larga.
Luis Vea García © 2011.
El próximo día 21 de marzo, en els Dilluns de la Cigale, Antonio Jiménez Paz y Albert Lladó.
Café La Cigale
c/ Tordera 50
Barcelona
20.00 horas
Antonio Jiménez Paz (La Palma, 1961) es licenciado en Filosofía y Experto Universitario en Planificación y Gestión Cultural. Ha publicado los poemarios Los ciclos de la piel (Ediciones La Palma; Madrid, 1992), Tratado de ornitología (La Calle de la Costa; Santa Cruz de Tenerife, 1994), Diario de la distancia (Huerga & Fierro Editores; Madrid, 1996), Tren de vida [1992-2002] (Baile del Sol; Tegueste, Tenerife, 2003), Casi todo es mío(Artemisa Editores; Santa Cruz de Tenerife, 2005; reeditado por Baile del Sol; Tegueste, Tenerife, 2008), Zoo sin fauna (Cuadernos Amerhispanos; México, 2009; republicado en formato ebook y en papel por Editorial 23 Escalones; Santa Cruz de Tenerife, 2010).
Albert Lladó (Barcelona, 1980) es licenciado en Filosofía, postgrado en Periodismo de Proximidad y máster en Literatura, Arte y Pensamiento. Ha publicado los libros de relatos Podemos estar contentos y Cronopios propios, el ensayo Encuentros fortuitos, el libro de entrevistas Paraules, la novela La puerta y el libro de aforismos La realidad es otra. Actualmente es editor de Revista de Letras y redactor de LaVanguardia.es.
Si uno hubiera sabido antes de tanta infamia en el mundo literario jamás hubiera escrito una línea.