CONSTRUIR
Para qué construir catedrales si siempre nos bastó con tener iglesias.
Para qué construir catedrales si siempre nos bastó con tener iglesias.
La vida es una pulsión imperfecta.
La melancolía me agrede.
Foto: Euroesport
Somos peligrosos. Pensamos.
Sorprendentemente la vida sigue.
¿Cómo a estas alturas hay alguien que pueda pensar que un idioma no conlleva consigo una cultura?
Si viviera Roland Barthes debería escribir algo sobre mitología y épica de las vuvuzelas.
Astillar la palabra, encontrar la doblez, el giro preciado que dé la luz.
La mentira continuada es una verdad a largo plazo.
Vivimos en una época de nombres, no de hombres.
Yo asesino, tú detienes, él deporta, nosotros hacemos oídos sordos, vosotros sufrís, ellos mueren.
A ráfagas, como si fuera viento perdido, todo va volviendo. Volvemos al inicio, porque quizá somos inicio, nunca dejamos de ser lo que fuimos.
A veces voluntariamente lejano, a veces voluntariamente ajeno.
Uno decide voluntariamente no estar en el centro ni en la onda ni con lo que se lleva, uno decide simplemente ser, lo cual es cada vez más difícil.
Estamos siempre retornando.
En la cresta de la ola todo parece nítido, pero la visión se aclara cuando el agua te cubre.
En el agónico lloro de la noche es donde el silencio encuentra su sentido
En contadas ocasiones deja uno de pensar en ese desagüe podrido en el que vive y que legará.
De la misma forma que la invención de la fotografía dejó en evidencia la necesidad de que un cuadro no fotografíe la realidad y por eso surgió el arte abstracto, quizá la invención de otros formatos de escrituras provenientes de las nuevas tecnologías haya creado la necesidad de escribir de un modo menos lineal.