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HACHAZO DE METRÓNOMO EN LA VANGUARDIA DIGITAL

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Balances, fronteras, hachazos, odio, todavía... poesía

Los poetas Felipe Zapico, Álex Chico, Luis Vea, Ferran Fernández y Juan Vico publican nuevo libro. Las agendas culturales, y las propuestas de fin de semana, suelen ser exotéricas. Queremos decir que son una invitación, un cúmulo de tentaciones, para dejar la soledad de la casa - su intimidad tantas veces acogedora - y salir a la calle, a los museos, a los conciertos. Exteriorizarse. Irse, desplazarse, moverse hacia fuera. Sin embargo, esta semana queremos hacer otra proposición. Cuando el frío acecha, viene de golpe y sin avisar, los virus y los constipados incitan a quedarse con un café caliente y un sofá. El esoterismo, en este caso, tiene que ver con reservarse, aprender a disfrutar, de nuevo, del recogimiento. Hay tanto viaje allí como a cientos de kilómetros.

La poesía es un arma poderosa, en este sentido. Y estamos de enhorabuena. Diversos títulos han aparecido recientemente y, sin el ruido de los tractores de la industria editorial, conservan discursos a tener en cuenta. El primer ejemplo es el de Still Life, obra de Juan Vico (Badalona, 1975) merecedor del Premi "Divendres culturals 2011" y editado por la UAB en su colección Gabriel Ferrater. Vico opta por una lírica que salta muros y alambradas para dialogar con el cine y la pintura, ofreciéndonos ahora un relato, ahora una relectura fílmica. Además de imágenes magistralmente construidas ("La luna misma, vieja puta, nuestra sucia guillotina / siempre a punto de caer como una uña cortada"), que conectan con la tradición más surrealista, el poeta reflexiona sobre el proceso mismo de creación, como si de una "Lección de anatomía" se tratase: "... sentado en mi escritorio frente al negro / de la pantalla: escribo este poema / me miro en ese espejo mientras trato / de copiar los despojos de mi tiempo". 

En una línea de fuga convergente, aunque con múltiples matices que lo individualizan, está Álex Chico (Plasencia, 1980), que presenta en Ediciones de la Isla de Siltolá Dimensión de la frontera. Chico, que junto a Vico son los responsables de Els Dilluns de la Cigale - uno de los refugios poéticos más atractivos de la ciudad -, conecta con la utilización de términos comunes que, combinados con sensibilidad y ritmo, alumbran una nueva voz, actual y eterna, hablándonos de naufragios, soledad y el inevitable paso del tiempo. Así, "el viento, por ejemplo, porque es el único / animal que modifica la corteza". El poso de las vivencias queda impregnado en el poeta, que se siente invadido por una batalla de recuerdos que gestionar: "decirme, al fin, que olvidar / es una rutina larga, extraña".

De la misma editorial nos llega la Guía del odio de Ferran Fernández (Barcelona, 1956). Se trata de poemas brevísimos, contundentes, que escapan de lo políticamente correcto para adentrarse, con humor e inteligencia, en los rincones menos agradecidos de nuestra mente. Es un manual de supervivencia: "Para protegerme / de mis enemigos / me he hecho una casa / sin puertas ni ventanas", una pregunta por lo que pudo ser y no será: "La Revolución es un monstruo / que devora a sus hijos / solo respeta a sus padres / a condición de que estén embalsamados" o la causa y el recibo del combate por la vida: "Cuando olvido las razones para luchar / no faltan desalmados que me las recuerdan".
 
El libro de Felipe Zapico (León, 1960) es un doble regalo. Por lo versos del poeta, claro, pero también porque van acompañados por unas magníficas ilustraciones de Javier Zabala. Así, los Balances parciales, editados por Eolas, son un cómputo de las noches, los tragos y las notas tomadas en los días que transcurren entre poemas súbitos, músicas y sexos. Zapico tiene la habilidad de saber combinar los versos más canallas con una ternura que nos abraza, se trata de un canto a no abandonar el barco: "Cuando ya nadie ama / por cansancio / o temor a la catástrofe / me hago la VI / con lluvia y sin luna / hasta el mar". Cruzar carreteras persiguiendo la pasión, pero sin olvidar que somos libres porque nosotros lo hemos decidido, no porque nadie nos haya regalado nada: "El músico de jazz / crió chepa / de tanto agacharse / para hablar / por el micro del saxo".
 
Luis Vea (Barcelona, 1966) se interesa también por el paso del tiempo en su Hachazo de metrónomo, editado por Isla Varia, donde los años se convierten en golpes secos y eternidades fúnebres: "sólo queda la huida / el retorno a lo primigenio / atravesar los campos / descalzo / hundir los pies / en la lluvia". Pero Vea aprovecha, al mismo tiempo, para desvelar - despojarse de gasas y entuertos - aquello que observa y no le gusta. De este modo, en "Skyline de Barcelona" canta a la autenticidad de la ciudad en la que ha crecido: "Prefiero esa Barcelona / de casa baja y plaza llena / de abuelo y de bastón / de palomas y migas de pan / de gatos asomándose tras los muros". No nos equivoquemos: "Ya no es tiempo / de renuncias / es hora / de elecciones".
Quedarse el fin de semana en casa, leyendo poesía, más que un abrigo indolente, se convierte, pues, en acción mayúscula. Un trayecto de largo recorrido. A través de una página e infinitas lecturas.
 
Albert Lladó
 

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