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MADERA DE NÁUFRAGO. Blog de Luis Vea.

DIARIO

Siempre que me visita el pasado se me queda la cara de tonto. Quizá debiera intentar contar esto o lo otro, intentar explicar que uno se ha convertido en un hombre de provecho, demostrar que he hecho esto o que me ha pasado aquello. Al final callo, quizá por el peso de la nostalgia y acabo poniendo cara de imbécil. Ésa que tan bien se realza con mi papada. Debe ser inevitable que piensen de uno que hicieron bien en alejarse de mí. O que quizá murmuren mira lo feo que está, que mal le ha sentado cumplir años. O aquello tan manido  de que parecía que iba para algo más y se quedó en esto. O, a lo mejor, lo de a su edad y todavía escribiendo versos. Quizá tengan razón. Entonces para qué poner otra cara si la que mejor expresa la realidad  es la de imbécil. 

2 comentarios

Elizabeth... sí la misma -

Concuerdo con Alena. De imbécil no tienes nada ni el blanco del ojo!

Alena Collar -

A mí-modestamente-me parece que los imbéciles son los otros...