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MADERA DE NÁUFRAGO. Blog de Luis Vea.

LA AVENTURA DE SER VECINO.

Cuando vas a visitar un piso con el de la inmobiliaria al lado, los vecinos deberían tener la obligación de advertirte de dónde vas a aterrizar. Si ya es penoso el pago de la hipoteca en sí mismo y el mero pensamiento de tener una vida secuestrada por un banco, a eso le has de añadir un efecto inesperado: los vecinos. Esos seres que viven a uno y otro lado de tu piso, arriba y abajo y que comparten contigo aventuras y espacio. Qué decir de esos seres adorables que te despiertan de madrugada con ese ritmo repetitivo de muelles de la cama. Sí, cierto, cierto, el vecino no tiene la culpa de haber engordado un poco en los últimos años. Y aquella otra vecina que tiene a bien publicar su gozo a gritos. Tampoco tiene la culpa de su propia incontinencia. Esos seres tan adorables llamados vecinos. Con el tiempo pienso que en la compra del piso me debieron estafar. No entiendo como a mí no me dieron la bola metálica que habitualmente y reiteradamente oigo caer y rodar en el piso del vecino de arriba. ¿Tendré derecho a reclamar? Pero la muestra mayor de proyecto común y compartido son las reuniones de vecinos. Reuniones donde el compañerismo reina, donde jamás se oye una voz más alta que otra. Hable usted vecino, que iba antes. No, por favor, vecino, hable usted. Faltaría más. Seguro que lo suyo es más importante. No por favor, hable usted. Casi se pasa la reunión en este buen ambiente. Hoy ha sido el colmo de afabilidad. Alguien ha dejado un regalo comunitario en la escalera. Qué detalle. Quizá lo envió por correo y ha llegado tras las Navidades. Adjunta una foto muy significativa que no añado para no eliminar el efecto sorpresa. Dice algo así: Aquí dejo esto al amable vecino que lo dejó encima de mi felpudo. Lo devuelvo por no serme de utilidad y ruego que se lo quede. Aquí dejo su mierda.

 Mi vecindad, toda una aventura feliz.

3 comentarios

Ruth -

Como todas las vecindades, me temo... ¿Alguien ha amenazado con pegar a otro? Si no es así, ya es mejor que la mía.

Luis Vea García -

Mejor no te cuento, Ruth. Eso fue el principio.

alena.collar -

Encantadoramente plastas.
Afabilísimamente insoportables.